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Brasil 2014: Hoy se inaugura el Mundial en medio de fuertes protestas por más salud y educación (Videos)

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Brasil 2014

Más de 600 bailarines brindarán espectacular show en el Corinthians Arena desde la 1 p.m. (hora peruana). Pitbull y Jennifer López son lo más esperado.

Luz, cámara, acción. Todo quedó listo para la ceremonia inaugural de la Copa del Mundo Brasi 2014, la que se realizará hoy sobre el césped del estadio Corinthians Arena, desde la 1 p.m. (hora peruana) y que durará casi una hora, por lo que se espera que supere a los shows de los anteriores mundiales.

Aunque los detalles de la ceremonia se mantienen en estricto privado, se filtraron fotos de los ensayos en los que se aprecian algunos detalles del show, que tendrá como característica principal la representación cultural de Brasil, para lo cual 600 bailarines estarán en escena.

Sobre la cancha habrá un balón gigante iluminado con luces LED, un tambor enorme y artistas con trajes futboleros. La ceremonia concluirá con el tema del Mundial We Are One que interpretarán Pitbull y Jennifer López, así como la brasileña Claudia Leitte.

PARAPLÉJICO DARÁ PLAY DE HONOR

A diferencia de otros mundiales, donde un exjugador o un artista famoso da el play de honor, en esta oportunidad lo hará un joven parapléjico. ¿Cómo? La persona elegida abandonará su silla de ruedas para caminar cerca de 25 metros al centro de la cancha, gracias a un exoesqueleto creado por un equipo de 156 científicos de todo el mundo, dirigido por el doctor brasileño Miguel Nicolelis.

Perú21

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¿Qué hay detrás de las protestas en Brasil?

Como en el 2013, los manifestantes inundan las calles brasileñas. Una vez más los analistas se preguntan por qué sucede esto en el país de los exitosos gobiernos socialistas…

Aunque han perdido fuerza los mítines, a horas del inicio del Mundial pueden volver a adquirir fuerza. La presidenta Rousseff se juega un pulso con los manifestantes del cual dependerá en gran parte la buena conducción de la justa deportiva, pero también su reelección. Todavía sigue siendo un enigma qué es lo que va a pasar en las calles: hasta dónde van a llegar ambas fuerzas.

En días pasados algunas marchas han sido diluidas pacíficamente o ahogadas por la batucada de los que sí celebran el inicio del Mundial. Otras han sido repelidas por la policía. Los inconformes han logrado dividir a la opinión pública, y hoy más de la mitad de los brasileños piensa que el evento no le traerá beneficios al país. Los sindicatos de maestros, policías y trabajadores del metro, así como los activistas de movimientos como los Sin Techo, están aprovechando la coyuntura para presionar fuertemente al gobierno. El metro de Sao Paolo podría volver a la huelga el día de la inauguración.

Entre los escenarios que se barajan está la profundización de las marchas, obligando al gobierno a militarizar algunas zonas de varias ciudades. El peor sería que hubiera choques que incluyan muertos, algo difícil de pensar conociendo el talante negociador de Dilma y su ideología a favor de los trabajadores, pero el escaparate del Mundial y la necesidad de mantener el orden para el evento, junto a la radicalización de las posturas en la calle, podría hacer que ocurra. Los indignados podrían incluso provocar el uso de la fuerza pública para desprestigiar aún más al gobierno. Todo dependerá de que la policía logre aislar correctamente, y sin uso indiscriminado de la fuerza, a los contingentes violentos.

Sigue siendo un misterio por qué empezaron las marchas hace exactamente un año, en un país que durante una época creció a ritmos de 7%, que sacó de la pobreza a 40 millones de personas y de la pobreza extrema a más de 30 millones, en tan sólo una década. Justo el periodo de Lula da Silva, quien terminó sus mandatos con el 80% de aprobación y que provocó la euforia del brasileño de a pie cuando ganó el campeonato del mundo para su patria. Si hay un país que ha hecho la tarea en temas sociales es Brasil. En 2013 pasó lo mismo en Turquía, otro país que había tenido grandes avances económicos y sociales: la gente se volcó a las calles en contra del gobierno.

Dilma resolvió en 2013 el escenario de marchas ubicuas con una ejemplar mezcla de paciencia y escucha atenta a los reclamos de la gente, para empezar a ofrecer soluciones (al revés de lo que pasó en Turquía, donde el primer ministro, Recep Tayip Erdogan, mostró su deriva autoritaria, manchando irremediablemente su reputación). Pero no le alcanzó para evitar un nuevo brote de descontento popular en 2014. ¿Por qué? El talón de Aquiles de Brasil son los servicios públicos, que no se han modernizado como correspondería a los altos niveles de inversión extranjera que han fluido hacia ese mercado emergente. Lula da Silva dijo hace unos días que México está atrasado 20 años con respecto a Brasil en su reforma energética (y tiene razón en eso, porque aquí el mito nacionalista paralizó por décadas a la clase política) y que su país está mucho mejor que el nuestro, en lo que parece ser un grito desesperado por cambiar la visión actual de las cosas. Pero tiene que aceptar que no es lo mismo el momento que le tocó vivir a él, cuando tenía todo a su favor, que lo que hoy Brasil experimenta… y que México actualmente está más en boca de los inversionistas internacionales que Brasil.

Ese es el problema de Dilma, a quien el hado no le confirió el mismo entorno global que a su padre político. Eso es, en realidad, aparte de los pésimos servicios públicos, lo que está detrás de las marchas: que no es lo mismo crecer al 7% durante años, que al 2% o al 1%, como lo ha hecho desde 2011. Y no es lo mismo cuando la apreciación de tu moneda llega a ser tal, que lo encarece todo. Ni cuando la inflación se empieza a comer el poder adquisitivo ganado en aquellos años.

“Dios es brasileño”, le gustaba repetir a Lula, y a la gente le seguía pareciendo gracioso el comentario mientras duró su administración. Le tocó la bonanza de las materias primas, la expansión mundial de la liquidez hacia los mercados emergentes, y que la locomotora china aupara su crecimiento. Nada más y nada menos. Cabe recordar que su sucesora sigue las mismas políticas sociales, pero el escenario es el que ha cambiado: a ella le tocó la etapa post-recesiva en el mundo, el estancamiento europeo, el desplome de los precios de las materias primas, el repliegue de la liquidez y la desaceleración en China.

Los gastos del Mundial, pese a ser altos ($12 mil millones de dólares), no representan un desfase para una economía que en realidad es gigantesca, y además la mayoría de las obras quedarán como infraestructura para el futuro (y son financiadas con fondos privados). Pero la percepción de la gente es que ha habido un inmenso dispendio y su retórica es de suma cero: lo que se gastó en el Mundial se le restó al pueblo.

La verdad es que Brasil invierte grandes recursos en programas sociales, que además son de los más exitosos del mundo entero. Ciertamente, tiene que poner atención en cosas tan básicas como un transporte público digno, mejores hospitales y mayores oportunidades educativas. Eso le redituará más a cualquier gobierno, en Brasil o en cualquier otro mercado emergente, porque los años del boom de los commodities no volverán con facilidad.

Rousseff ha dicho que tiene “absoluta certeza” de que el pueblo “hará lo de siempre”: ver los partidos con amigos y familiares, “hinchando por nuestra selección”. Sus servicios de inteligencia le deben haber informado que éste puede ser el curso de las acciones. Pero también existen los otros escenarios, y por ello decidió no acudir a la inauguración.

La perspectiva para Brasil, más allá de ganar o no la Copa del Mundo, es de estancamiento económico para lo que resta del año y para 2015. Rousseff ha pasado de tener niveles de aprobación de 40% a 30%. Pero aún puede ganar en octubre, si sigue escuchando a los indignados y sigue abierta a hacer los cambios necesarios. Cosa que siempre ha hecho. Y no le afectaría políticamente que la verde-amarela se alce con la copa del mundo el domingo 13 de julio.

Fuente: El Economista

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