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Campesinos de Espinar viven con metales pesados en sus cuerpos

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Junto al nuevo yacimiento Antapaccay y a la relavera de la mina Tintaya están las comunidades de Alto Huancané y Huisa.(Foto:La República)
Junto al nuevo yacimiento Antapaccay y a la relavera de la mina Tintaya están las comunidades de Alto Huancané y Huisa.(Foto:La República)

Vivir en un territorio como Espinar no es gratis para la salud. Eso lo saben bien los adultos de las comunidades campesinas Alto Huancané y Huisa, pero no los niños del lugar.

Por eso Yedamel López Champi desconoce que, a sus cortos diez años, vive con diecisiete metales pesados en su organismo. Tampoco lo sabían sus familiares hasta fines del año pasado. En el lado izquierdo de su rostro, el cuello y las manos tiene extrañas manchas de color blanco que se asemeja a una especie de hongo, pero con escamas. No soporta estar expuesto al sol.

“Les presento al niño más rico del país. Tiene tantos metales como una mina, pero en el cuerpo”, ironiza el periodista espinarense Vidal Merma cuando nos presenta al niño.

Yedamel es el último de seis hermanos. Nació en la comunidad campesina de Alto Huancané, a casi una hora de viaje de Yauri, capital de la provincia cusqueña de Espinar, donde se encuentra una de las mayores reservas de cobre de Sudamérica que actualmente está en manos del Grupo Glencore. Ahora vive en la calle del Barrio Magisterial, segunda etapa, de Yauri, para evitar que siga exponiéndose a los minerales e ir a la escuela.

En la orina de Yedamel se detectó la presencia de metales durante el despistaje hecho en enero del 2013 por el Laboratorio Ambiental de los Centros para el Control de Prevención de enfermedades de los Estados Unidos, por encargo del Instituto Nacional de Salud (INS) y el Centro de Salud Ocupacional y de Protección del Ambiente para la Salud (Censopas) del Ministerio de Salud.

Se halló en diversas cantidades cadmio, arsénico, plomo, talio, manganeso y mercurio. También antimonio, bario, berilio, cobalto, cesio, estaño, estroncio, molibdeno, platino, uranio y tungsteno.

No solo Yedamel carga con la tremenda cantidad de minerales en el cuerpo. Está confirmado que otros 37 menores de 18 años, 74 adultos y 68 ancianos de las comunidades de Alto Huancané y Huisa –a quienes se les tomó las muestras– están en igual condición.

Según Censopas la población de ambas comunidades está expuesta a esos metales. “El 100% de los participantes del estudio tenían niveles detectados de arsénico, plomo y talio; 93% de cadmio; 70% de manganeso y 88% de mercurio”. Empero aclaró “que el estudio no permite definir si las personas expuestas están enfermas por metales pesados”.

Al respecto, Luis Wilson Ugarte, médico del hospital Antonio Lorena del Cusco, explicó que la intoxicación por alguno de esos elementos químicos produce alteraciones en órganos. El mercurio, por ejemplo, puede devenir en neuropatía que debilita y deteriora los músculos generando un desequilibrio muscular en los pies dando lugar a contracturas, deformaciones y sequedad que agrieta la piel.

También la exposición crónica al uranio se asocia a daños renales y cáncer, explica el ex titular de la Dirección Regional de Salud Cusco Manuel Montoya. “Esta población requiere un seguimiento y atención urgente a su salud”.

“Se debe hacer una evaluación de la cantidad de minerales en cada persona para diseñarle un tratamiento individual especializado. Eso es urgente, mucho más si se trata de niños”, agrega Montoya. La intoxicación por plomo provoca, a su vez, una perturbación en la sangre y leucemias, anemias, insuficiencia renal y problemas neurológicos.

VIVIR CERCA DE LA MINA

Yedamel vivió hasta los seis años con su abuela Melchora Surco Rimachi (59) en el sector de Paccpacco de Alto Huancané, en las faldas de la planta de relaves Camaccmayo de la mina Tintaya que ha entrado en etapa de cierre.

A inicios del 2013 el INS y Censopas tomaron 180 muestras de orina en ambas comunidades con el propósito de detectar la presencia de metales pesados en el organismo de los pobladores. Fue un compromiso de la Mesa de Diálogo para evitar la reactivación de las violentas protestas de mayo del 2012 en contra de la actividad minera de Xstrata Copper a la que acusaban de contaminar sus tierras, el agua y el aire.

Al cabo de un tiempo se conoció los resultados que demostró que sí había contaminación ambiental de metales pesados, pero no se logró detectar la fuente de la contaminación.

Quedó pendiente la realización de un estudio que determine la fuente de la contaminación y se establezca un plan de salud para los afectados. No se ha cumplido. “Es un asunto pendiente que les toca empujar a los nuevos actores políticos y gremiales de Espinar. Hasta el momento no hay nada”, señaló Óscar Mollohuanca, ex alcalde de Espinar.

En Alto Huancané viven al menos 500 campesinos. En el lugar los comuneros aseguran padecer de dolores de cabeza, pies y manos, además de la muerte constante de sus animales. “Es evidente que sufren los efectos de la presencia de metales”, señala Montoya.

“Estoy jodido. Antes trabajaba todo el día en la chacra, ahora me canso muy rápido”, se queja Florentino Cuti Nuñoncca (72), mientras juguetea con sus manos callosas y huesudas. De pronto aparecen otras personas y nos piden que visitemos sus viviendas. En cada hogar nos muestran huesos y cuero de ganado vacuno y ovino que “han muerto por la contaminación”.

Atribuyen las muertes a la actividad minera que ha contaminado los campos en las alturas. Para demostrarlo vamos hasta un llano que semeja a un pantano cuyas aguas son grasosas y del barro emana un olor nauseabundo. El ganado no puede pastar porque se hunde como si se tratara de arena movediza.

PROYECTO ANTAPACCAY

Julia Magaño Cuti es una pobladora de la comunidad de Huisa que no quiere un destino similar al de sus vecinos de Alto Huancané. Por eso se resiste a vender las 270 hectáreas de tierras a Glencore para su proyecto de concentrados de cobre Antapaccay, que tiene una capacidad de producción de 150 mil toneladas al año.

Su predio colinda con la planta del yacimiento que inició sus operaciones en noviembre del 2012. Desde que se negó a entregar sus tierras, asegura, ha empezado a ser hostigada por desconocidos. “Vienen en las noches y se roban mis cosas. Quieren que venda mi terreno y me vaya, pero no lo voy a hacer”.

El 10 de febrero, representantes del Ministerio del Ambiente (Minam) y líderes de Espinar retomaron las conversaciones para elaborar el Plan de Acción para el 2015 a partir de los resultados obtenidos por la Mesa de Diálogo de Espinar. Entre las actividades se ha previsto, según el técnico del Minam Martín Arana, continuar con los monitoreos ambientales, supervisión y fiscalización ambiental, ampliar la evaluación de más sectores de comunidades expuestos a metales pesados. La minera también es parte del reinicio de las conversaciones. La siguiente reunión será el 31 de marzo.

Mientras la gigantesca maquinaria de la mina Antapaccay procesa minerales las 24 horas del día, vuelven a surgir voces que anuncian una nueva protesta y es probable que, más temprano que tarde, Espinar se convierta en el epicentro de una violenta protesta social como ha venido ocurriendo desde hace casi tres décadas.

OMISIONES

VICIOs. En el despistaje hubo omisiones: la muestra se tomó a 180 personas y se había acordado que fueran 500. En un inicio se ocultó la presencia de 11 metales en la orina de los campesinos.

PAGO. El gobierno pagó 148 mil 922 soles por la realización de los exámenes.

OBSERVACIÓN. Juan Aste, asesor de la congresista Verónika Mendoza, quien hizo la denuncia inicial sobre la contaminación en Espinar, consideró que el gobierno ocultó esa información.

La República

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