“El costo de la contaminación atmosférica: Refuerzo de los argumentos económicos en favor de la acción”, es un estudio conjunto del Banco Mundial y el Institute for Health Metrics and Evaluation, en el que se pretende estimar los costos de las muertes prematuras relacionadas con la contaminación atmosférica, para fortalecer los argumentos en favor de la acción y facilitar la toma de decisiones en un contexto de escasez de recursos.

En 2013, se perdieron aproximadamente 5,5 millones de vidas a causa de las enfermedades asociadas con la contaminación del aire exterior o de las viviendas, lo que provocó sufrimiento humano y redujo el desarrollo económico.

Si bien los fallecimientos relacionados con la contaminación del aire afectan principalmente a los niños pequeños y los adultos mayores, las muertes prematuras también provocan pérdida de ingresos laborales  en la población económicamente activa.

Según este estudio, las pérdidas anuales de ingresos laborales cuestan el equivalente de casi el 1 % (0,83 %) del producto interno bruto (PIB) en Asia meridional.

En Asia oriental y el Pacífico, donde la población está envejeciendo, las pérdidas de ingresos laborales representan el 0,25 % del PIB, mientras que en África al sur del Sahara, donde la contaminación del aire perjudica el potencial de obtención de ingresos de las poblaciones más jóvenes, las pérdidas anuales de ingresos laborales representan el equivalente del 0,61 % del PIB.

Cuando se analiza el número de víctimas fatales en todos los grupos por edad desde el punto de vista de las “pérdidas de bienestar”, un enfoque usado comúnmente para evaluar los costos y beneficios de la normativa ambiental en el contexto de un país determinado, el costo agregado de los fallecimientos prematuros fue de más de US$5 billones en todo el mundo en 2013.

En Asia oriental y meridional, las pérdidas de bienestar relacionadas con la contaminación del aire eran el equivalente de aproximadamente el 7,5 % del PIB.

“La contaminación atmosférica es un desafío que amenaza el bienestar humano esencial, provoca daños al capital natural y físico, y restringe el crecimiento económico. Esperamos que este estudio pueda traducir el costo de los fallecimientos prematuros en un lenguaje económico que tenga eco entre los responsables de la formulación de políticas, de modo que se destinen más recursos a la mejora de la calidad del aire. Al promover ciudades más saludables e inversiones en fuentes de energía más limpias, podemos reducir las emisiones peligrosas, ralentizar el cambio climático y, lo que es más importante, salvar vidas”, dijo Laura Tuck, vicepresidenta de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial.

 

Los fallecimientos relacionados con la contaminación del aire ambiental han aumentado en las regiones más densamente pobladas y de rápida urbanización, mientras que los fallecimientos relacionados con el uso de combustibles sólidos para la cocción de alimentos y la calefacción de las viviendas permanecen constantes, a pesar de los avances en el desarrollo y las mejoras en los servicios de salud. Las enfermedades atribuidas a ambos tipos de contaminación del aire causaron uno de cada 10 fallecimientos en 2013 o un número seis veces superior a los fallecimientos causados por la malaria.

“Este informe y la carga de las enfermedades asociadas con la contaminación del aire constituyen un llamado urgente a la acción”, dijo el Dr. Chris Murray, director de IHME. “De todos los distintos factores de riesgo para los fallecimientos prematuros, ésta es un área, el aire que respiramos, sobre la que las personas tenemos poco control. Los responsables de la formulación de políticas y los organismos de medio ambiente, así como los líderes de diversos sectores, enfrentan crecientes demandas -y expectativas- para abordar este problema”.

Alrededor del 90 % de la población en los países de ingreso bajo y mediano están expuestos a niveles peligrosos de contaminación del aire ambiental. El Banco Mundial trabaja con los países en desarrollo y otros socios para reducir la contaminación, mediante el apoyo a la supervisión y el análisis, las reformas normativas y las inversiones.

Por ejemplo, en 2016, el Banco Mundial comprometió US$1 mil millones para ayudar a China a mejorar la calidad del aire, mediante la reducción de las emisiones de contaminantes atmosféricos específicos de fuentes industriales, rurales y de transporte en la provincia de Hebei, y el incremento de la eficiencia energética y la energía limpia, a través de financiamientos innovadores en la región de Beijing-Tianjin-Hebei (también conocida como región Jing-Jin-Ji), que abarca el área de la capital y las provincias vecinas.