conversaciones dificilesPor:Fernando Gil

Recuerda una conversación difícil que hayas tenido en el pasado. ¿Qué la hizo difícil? ¿Qué patrones se asemejan a otras conversaciones difíciles que has tenido? ¿Qué hiciste bien?

Existen tres tipos de conversaciones difíciles:

–    La conversación sobre lo que pasó.

–    La conversación sobre sentimientos.

–    La conversación sobre la identidad.

Analicemos cada una de ellas para así lograr un mayor entendimiento y encontrar mecanismos que nos permitan manejarlas de manera más efectiva.

La conversación sobre lo que pasó:

Este tipo de conversaciones tiene que ver con ¿Quién dijo qué, quién hizo qué, quién tiene la razón, quién quiso decir eso o aquello, error de quién es, qué debió haber hecho la otra persona?

En las conversaciones sobre lo que pasó, ¿se trata de la verdad… o quizás de percepciones o interpretaciones? ¿Se trata de hechos o quizás de qué significa esto para uno o para el otro?

En este tipo de conversaciones existen tres trampas:

–    Yo estoy bien y tú estás mal.

–    Conozco tus intenciones y son de las peores.

–    Alguien es culpable y esa persona debes ser tú.

Sin embargo, en la primera trampa realmente hay dos historias, la de cada una de las personas en conflicto. En la segunda trampa, la persona está asumiendo que el otro tenía malas intenciones. En la tercera trampa, las dos personas contribuyeron y fueron cocreando el conflicto. Si reflexionas en torno a la última conversación difícil que tuviste, descubrirás que contribuiste sustancialmente en la generación del conflicto.

Los seres humanos somos seres perceptivos e interpretativos por excelencia y por salud mental. Percibimos e interpretamos el mundo desde nuestros propios filtros. Llamamos ‘realidad’ a nuestra propia realidad, filtrada por nuestras experiencias del pasado, nuestra formación, la información de la que disponemos, nuestros prejuicios, paradigmas y creencias. Lo que definimos como realidad tiene menos que ver con lo que está allá afuera y mucho más que ver con nuestras propias interpretaciones de la realidad. Si esto es así, las discusiones por querer tener la razón son vanas. Lo único que hace sentido es lo que podemos construir juntos de allí en adelante.

La conversación sobre sentimientos:

¿Debo negar mis sentimientos o expresarlos? ¿Cómo se siente la otra persona? ¿Ambos debemos negar nuestros sentimientos y sólo hablar de hechos?

Las conversaciones difíciles son precisamente acerca de sentimientos. Lo que ocurre es que los sentimientos no expresados se filtran y explotan en la conversación y hacen difícil escuchar. Suele suceder que no sólo los sentimientos producto de la conversación difícil intervienen. También afloran los sentimientos inconscientes de experiencias del pasado que no se expresaron en su momento. Los sentimientos actuales son la gota que colma el vaso. De allí que algunas personas con caracteres explosivos necesiten recurrir a una terapia para curar esas heridas del pasado.

A veces la forma como pensamos sobre algo o alguien crea la forma como sentimos y la forma como sentimos influye en nuestras reacciones y actitudes. Así se va creando un círculo vicioso. En ontología se les llama juicios.

Recuerda una conversación difícil que has tenido recientemente, ¿cuáles eran tus sentimientos? ¿Qué pensamientos crearon esos sentimientos? ¿Quién creó ese círculo vicioso?

Para gestionar efectivamente te planteo las siguientes recomendaciones:

–    No desfogues tus sentimientos, descríbelos.

–    No juzgues, culpes ni acuses. Sólo describe.

–    No evalúes tus sentimientos. Sólo compártelos.

–    Pregunta por los sentimientos de los demás.

–    Reconoce los sentimientos de la otra parte. Los sentimientos nunca están bien o mal. Sólo existen.

La conversación sobre la identidad:

Las conversaciones difíciles amenazan nuestra identidad.

¿Soy competente? ¿Soy una buena persona? ¿Soy digno de afecto?

En este caso dejamos que la información que proviene de los demás, la opinión que ellos tienen sobre nosotros, defina quiénes somos. Solemos caer en la trampa de las generalizaciones: todo/nada; siempre/nunca.

¿A qué tipo de cuestionamiento sobre tu identidad eres más sensible?

Es fundamental para salir de las conversaciones difíciles, definir cuál es el propósito de ella. ¿Qué esperas lograr? ¿Es una conversación la mejor manera de conseguirlo? ¿Cómo puedes cambiar tu contribución?

En toda conversación difícil existe una tercera historia, que no es la mía ni la tuya. Es la otra alternativa: la nuestra. Para construir la tercera historia, describe el problema como si estuvieras señalando la diferencia entre dos historias. Comparte tus intenciones. Invita a la otra parte a encontrar una forma de superar la situación. La clave está en escucharse para entender el otro punto de vista. Háganse preguntas. Reconoce los sentimientos del otro. Compartan la forma como ambos contribuyeron a generar el conflicto.

Luego de este ejercicio, inventa alternativas de trabajo parar ambas partes. Convengan reglas y normas que ambas partes aprueben para evitar situaciones similares en el futuro. Saquen lecciones de aprendizaje y piensen juntos lo que pudieron haber hecho diferente para evitar el conflicto.

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