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Corani: La mayor inversión minera en Puno

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Bear Creek Corani

El proyecto de Bear Creek Mining prevé producir hasta 13 millones de onzas de plata anuales, requerirá una inversión de al menos US$574 millones, y ha logrado la aprobación social en una región peruana con antecedentes importantes en conflictos.

En 2013 Perú fue responsable del 14.1% de la producción mundial de plata, lo que lo ubicó en el tercer lugar en ese ranking. Esa posición fue incluso mejor a inicios de ese año, antes de que China le arrebatara el segundo lugar. Desde ese momento, tanto el Estado como el gremio minero de ese país han intentado dinamizar las inversiones mineras, a fin de recuperar el sitial perdido.

Uno de los proyectos que alberga más esperanza para la minería argentífera peruana es Corani, el cual producirá entre 8 y 13 millones de onzas de plata anuales. Es propiedad de la empresa canadiense Bear Creek Mining Corporation, quien lo maneja a través de su subsidiaria Bear Creek Mining Company Suc del Perú, empresa que se constituyó en el 2000.

El proyecto está ubicado a una altura que oscila entre los 4.800 y 5.100 msnm, en el distrito de Corani, provincia de Carabaya, en la región Puno. Según el Ministerio de Energía y Minas (Minem), comprende 12 concesiones mineras en un área de 5,180 hectáreas (Corani I, Corani II, Corani III, Minazpata 1, Minazpata 2, Minazpata 3, Minazpata 4, entre otras).

A partir de su estudio de factibilidad (desarrollado por Independent Mining Consultants), se descubrió que cuenta con reservas probadas y probables que alcanzan las 156.13 Mtm, con leyes de 53.79 g/t Ag; 0.904 % Pb y 0.493% Zn. Para ellas, se han calculado precios que oscilan entre los US$ 18 por oz/Ag; US$ 0.85 por lb/Pb y US$ 0.85 por lb/Zn.

Asimismo, los recursos medidos e indicados ascienden a 134.461 Mtm, con leyes de 20,5 g/t Ag; 0,38 Pb y 0,29% Zn, y los recursos inferidos son de 49.793 Mtm, con leyes de 30 g/t Ag; 0.464% Pb y 0.278% Zn.

 

Inversión y construcción

Andrés Franco, gerente de Asuntos Corporativos de Bear Creek Mining, señala que la inversión prevista para el proyecto originalmente es de US$574.37 millones. No obstante, revela que están modernizando los precios, a partir de algunas alzas básicamente en los bienes de capital. “Aún no hemos hecho el cálculo, pero creemos que habrá una apreciación considerable”, indica.

En septiembre de 2013, el Ministerio de Energía y Minas aprobó su Estudio de Impacto Ambiental (EIA). Para lograr este objetivo, tuvo que subsanar observaciones relacionadas al manejo de tierras y a la mejor en el cálculo para determinar las filtraciones de agua.

La empresa decidió que el tipo de minado sea a cielo abierto, y que el material extraído será llevado a una planta concentradora diseñada para tratar 22,500 tpd de mineral. Según información oficial, el proceso de recuperación de mineral se hará por un circuito de flotación de plomo, donde se recobrará la mayor parte de la plata, seguida de flotación de zinc, en la que también se proyecta recuperar plata.

La producción de mineral se transportará en camiones al Puerto de Matarani de donde se llevarán a las fundiciones para el respectivo proceso.

Franco adelanta que la vida útil de la minera será de 20 años, más dos años que tomará el cierre de mina. La producción estimada anual será de 13.4 Moz Ag para los primeros cinco años y 8 Moz Ag durante la vida útil de la mina.

 

El contrato social

El distrito altiplánico de Corani tiene el 90% de sus habitantes en condición de extrema pobreza. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (Inei), el ingreso per cápita es de 101.00 soles mensuales (unos US$35), la principal actividad económica es la ganadería, y el 92% de adolescentes, entre 11 y 18 años, sufre de desnutrición crónica.

Se ha precisado que el área de influencia del proyecto Corani está conformada por las comunidades campesinas de Chacaconiza y Quelcaya, con 140 y 180 pobladores, respectivamente.

Es importante recordar que la región Puno tiene antecedentes de movimientos radicales y antimineros importantes. En 2011, precisamente, detuvieron el proyecto Santa Ana de Bear Creek. A pesar de todo, en junio del año pasado, estas comunidades y otras cercanas otorgaron la licencia social a la minera, acuerdo que se selló en una Mesa de Desarrollo que contó con la presencia del Primer Ministro y el ministro de Energía y Minas de ese entonces, además del Presidente Regional de Puno y autoridades locales.

Fruto de esa reunión, la empresa se comprometió a entregar US$1,6 millones anuales durante 23 años, a través de un fideicomiso, y con el objetivo de financiar obras de carácter social en beneficio de la población.

Quizás la iniciativa más interesante que la empresa ha llevado a cabo es la que tiene con la Asociación de Estudiantes Corani para el Desarrollo (Asescode), una organización de jóvenes locales que, en un principio, estuvieron en desacuerdo con el proyecto minero, llegando, incluso, a paralizar los primeros talleres que se organizaron para iniciar el EIA.

Elisabeth Peralta, miembro de Asescode, recuerda que no sabían de aspectos de la etapa de producción, qué insumos iban a utilizar, y de dónde iban a manipular el agua. Además, estaban disconformes porque la empresa asumía erróneamente que en Corani no había profesionales.

Tras reunirse con el gerente de asuntos Corporativos de Bear Creek Mining, les propusieron elaborar un estudio que incluía estrategias de crecimiento en educación, salud, así como el establecimiento de iniciativas empresariales, propuestas que la consultora a la que había recurrido la minera en un primer momento no ofreció.

La confianza depositada se plasmó en la presentación del “Estudio de Línea de Base: Comunidades campesinas de Chacaconiza y Quelcaya”, documento en el que detallan personalmente la problemática de su localidad, con una visión conocedora de las particulares condiciones socioeconómicas.

Tanto Elisabeth como sus compañeros han concluido que durante mucho tiempo los recursos que recibían no los sabían canalizar ni destinar a las necesidades urgentes que tenían. Confiesa que poco a poco, la gente comprueba que es mejor trabajar con una minera formal y no con una informal, como las que abundan en la región de Puno.

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