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El lavado de dinero en tres fáciles pasos

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Por Enrique Castellanos

Leía hace días más noticias sobre el juicio a Eva Fernenbug y cómo el Poder Judicial trata —sin éxito— de implicar a su entorno. Y pensaba: si el entorno de esta señora ha hecho mediocremente bien su ‘chamba’, nunca lo podrá declarar culpable de nada. Eso porque, desafortunadamente, en el Perú hoy no tenemos ni el marco legal, ni los instrumentos, ni el personal para llevar a cabo la detección del lavado de dinero con efectividad.

¿Cómo evadimos la justicia y lavamos dinero mal habido? Algunos saben hacerlo, pero pareciera que la mayoría no.

Primer paso: la siembra. Necesitamos estacionar cantidades importantes de cash en el sistema financiero. En el pasado, esto se hacía vía cuentas cifradas en Suiza, Luxemburgo o demás paraísos fiscales y financieros. Esto es cada vez más difícil, por lo que ahora se prefiere la creación de empresas que demanden mucha inversión o capital de trabajo: joyerías, inmobiliaria, casinos, transporte, etc.

Segundo paso: confúndelos. También conocido como layering o proceso de puesta en capas.

Cree usted suficientes empresas y holdings, y haga suficiente número de transacciones financieras para hacer difícil el rastreo de los fondos. De más está decir que este andamiaje funcionará mejor mientras mayor sea el número de jurisdicciones, idiomas y países involucrados.

Tercer paso: la cosecha. A ningún criminal le gusta dejar de disfrutar su dinero: tarde o temprano va a querer usufructuarlo. Existen muchas técnicas para hacerlo, pero las más comunes son recibir el dinero vía un préstamo o una garantía (colateral en cash ostand by).

Ahora bien, muy importante para cometer el crimen casi perfecto: necesitamos uno o más tontos útiles (o seniles) que funjan de fachada o testaferro, así el nombre del principal no aparecerá en ninguna fase del proceso. Ni como sembrador, ni como encubridor y, por supuesto, menos de beneficiario.

Me atrevo a decir que la actual legislación peruana no está configurada para este tipo de crímenes. Creo que con un enfoque tan ‘documentario’ y reglamentarista como el que tenemos, los jueces están muchas veces con las manos atadas y a expensas de los mejores litigantes que el dinero fácil puede contratar. Adicionalmente, el desconocimiento en temas de negocios, bancarios y financieros de la gran mayoría de nuestros jueces es deprimente. Para empezar: ¿cuántos hablan inglés, francés o japonés? Por último, a pesar de haber varios acuerdos de cooperación, entiendo que el Poder Judicial no cuenta con los recursos necesarios para realizar pesquisas internacionales serias: equipo informático, viáticos, contratación de especialistas internacionales, etc. Así no se gana una guerra.

En estos días que está tan de moda lanzar nuevos planes de crecimiento económico, propongo, como medida económica, mejorar la administración de justicia. Nada mejor para impulsar el desarrollo económico de un país que el formar instituciones serias: Poder Judicial, Policía Nacional, partidos políticos, entre otros. Esto es mucho mejor que cualquier plan de desarrollo ideado por algún ministro, mejor que cualquier comisión técnica de planificación económica, mejor que cualquier ley para impulsar el mercado de capitales. Cualquiera de las ideas antes mencionadas es como poner la carreta delante de los caballos. Les aseguro que con institucionalidad ‘la mano invisible’ del mercado vendrá a nuestro rescate y el Perú florecerá.

Fuente: Semana Económica

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