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LA HISTORIA SECRETA DE LIFE, LA RED SOCIAL PERUANA

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Raúl Triveño
Raúl Triveño recibió unos 2.5 millones de dólares por su anterior empresa.

Por Dánae Rivadeneyra
Fuente: utero.pe


Hace un par de semanas, se lanzó por todo lo alto Life Social Network, la red social peruana que ha prometido destronar a Facebook. Pero detrás de la vida glamorosa que ofrece su publicidad se esconde el verdadero origen de Life: casi 5 mil miembros que aportaron sus ahorros a una empresa que ya no funciona.

Nada más atractivo que el sueño de volverse millonario invirtiendo poco. Pongamos un ejemplo: David Carrasco, un trabajador independiente, dedicado a los negocios de call center, productos homeopáticos y cualquier otro donde observe que hay una posibilidad tangible de ganar dinero. En el 2011, David, a través de una amiga se enteró de la existencia de Life Entertainment Network (LEN).

LEN era, según sus anuncios, “una red de negocios”. Para ingresar había que pagar una cuota de hasta 500 dólares. A David le dijeron que pagando esa membresía podría ganar mucho dinero en un corto tiempo; que solo tendría que afiliar a más personas; éstas, a su vez, a otras y así sucesivamente. Él ganaría un porcentaje por cada nueva afiliación. Emocionado, aceptó y convenció a otros dos amigos de que entreguen su dinero.

–Nos decían, “¿te imaginas cuánto vas a ganar cuando tu sexta red de afiliados obtenga tantas ganancias?” Era bastante plata y uno se emocionaba –recuerda David Carrasco–. El problema es que nunca nos dieron un producto con qué trabajar, entregamos los $500 dólares y nunca más supimos de ellos.

La convocatoria fue un éxito. Así como David, casi cinco mil personas de todo el Perú pagaron sin dudarlo una membresía que fluctuaba entre los 300 y 500 dólares.

– Una vez en el ascensor me encontré con una señora que había comprado 5 membresías, o sea, había pagado 2 mil 500 dólares. Así, en una –cuenta David–. Ahí sí me sorprendí. A tanto yo no llegaba.

Lo que no sabían David ni la señora del ascensor ni los otros cinco mil “socios” es que su dinero serviría para formar otra empresa, distinta aunque con un nombre parecido: Life Social Network (LSN). El Life en el que ellos invirtieron tiempo y dinero no es el que ven en la televisión y en el Internet. Pero eso no lo saben la mayoría de los viejos socios de LEN.

Lifes paralelas

Life Social Network ha aparecido en medios varias veces. Se trata de una red social en la que uno va ganando dinero cada vez que sus amigos consumen en locales afiliados a Life. En sus entrevistas para diarios y televisión, su creador, Raúl Triveño Espejo ha prometido “destronar” a Facebook.

Salvo el nombre, LSN no parecería tener mucho en común con la vieja Life ENTERTAINMENT Network. LEN había tenido a modestos aportantes de clase media, reunidos en pequeñas oficinas de Lince, pagando 5 soles por entrada. LSN, en cambio, ostenta paneles en las principales avenidas de Lima, celebridades de la farándula y presentaciones en exclusivas discotecas miraflorinas.

Pero el nombre no es lo único en común estas dos empresas: LEN también fue fundada por Raúl Triveño.

Entrevistado en su actual oficina –en el Link Tower de Surco–, lo primero que Triveño se esfuerza por dejar en claro es que “son dos empresas distintas”. Efectivamente, así es: LEN, la empresa que recogió los 2.5 millones de dólares, ahora se llama Succes Enterprises. En cambio, la administradora de la red social LIFE es Life Social Network Perú S.A.C., una empresa completamente distinta.

Triveño también confirma las cifras: fueron casi 5 mil miembros que pagaron entre 500 y 300 dólares. El creador de las dos Life acepta que LEN, en total, recaudó un aproximado de 2 millones y medio de dólares de sus aportantes.

Voucher donde se retira dinero de LEN para depositarse a nombre de Raúl Triveño

 

otro voucher en el que se realiza el mismo procedimiento

Triveño también reconoce que utilizó un “poquito” de este dinero para crear la red social que ahora todos conocemos. Utero.pe tiene en su poder copias de unos vouchers con millonarias transferencias de la cuenta de LEN a la cuenta personal de Triveño. El total suma casi dos millones de soles.

– Era mi dinero –dice Triveño– y yo podía hacer cualquier otro negocio. ¡Es mi plata!
– Bueno, es la plata de los señores, ¿no?
– Es la plata de los señores que aportan a una empresa que funciona –responde– y con ese aporte, yo como accionista lo pude utilizar para inversión en el concepto nuevo. Y ya nace de mí otorgarles cierta participación, no accionariada obviamente, de la empresa nueva.

“Un nuevo concepto de residuales en red”

Víctor Gavidia reclama que le devuelvan sus 500 dólares

A unas cuadras de la casa de David, vive Víctor Gavidia, un funcionario público que sufre de la columna. Hace unos años, él también se inscribió en LEN. Le dijeron que su dinero se duplicaría: primero en mil, luego en 2 mil, después en 4 mil y pronto, le dijeron, estaría al volante de un carro del año.

Pasaron los meses y Víctor no vio ninguna ganancia. Pronto se dio cuenta de que había perdido su dinero.

–Me cansé porque no se ponían de acuerdo en cuál iba a ser el negocio. A cada rato cambiaban de modalidad, no sabían lo que querían –dice Víctor.

La modalidad que conoció David Carrasco consistía en que él mismo debía recorrer las calles de Lima y afiliar a diferentes establecimientos comerciales a Life. Estos se comprometían a otorgar un porcentaje de las compras de todos los clientes que portaran alguna de las tarjetas de plástico que Life les había dado a cambio de 15 soles.

Víctor Gavidia recuerda que les daban stickers para que los comerciantes enganchados (usualmente bodegas, fotocopiadoras, centros naturistas) los exhiban. “¡Gana dinero por consumir!”, dice una publicidad de la época, que ofrece “un nuevo concepto de residuales en red”. Como se ve, no tenía nada que ver con un “nuevo Facebook”.

El club privado

En esas épocas, las reuniones de LEN se llevaban a cabo en pequeños locales. La invitación pedía “vestimenta formal (dale NIVEL a tu negocio)” y, por promoción, podían entrar dos personas por 5 soles.

Para ser socio de LEN había que pagar la ya mencionada membresía (US$ 300 por tarjeta de descuento y US$ 500 por tarjeta de negocio), por el que les daban un recibo simple. Sú único vínculo formal: unos contratos en los que se dejaba claro que “no existe entre ellas relación laboral, ni de representación, ni que se esté estableciendo entre ellos una relación societaria ni de franquicia”. Se especifica que existe una relación contractual caracterizada por el “otorgamiento de beneficios económicos”.

Se mencionaba también que los menores de 18 años podían aportar su cuota de ingreso aunque siempre bajo supervisión de sus padres y/o tutores.

David Carrasco recuerda haber estado varios meses en LEN. De vez en cuando recibía unas emotivas comunicaciones firmadas por el mismo Triveño. Se trataba de instrucciones, ajustes en las reglas del sistema, mezclados con párrafos motivacionales como este:

“Hechos en mi vida y nombres muy especiales de personas que me acompañan desde que mi visión era un papel, tenían un plan y fueron puestos para que todo esto que ha sucedió y que aun ni siquiera ha nacido sea realidad. A veces solamente es saber interpretar simples cosas que nos presenta la vida a manera de piezas, saber armarlas, para lógicamente utilizar la autonomía que DIOS nos dio y poder elegir qué camino tomar.”

–Uno pagaba 500 dólares por entrar a un club privado, se podía decir –dice Triveño–. Este club tenía una tarjeta de descuentos y varios otros beneficios que los socios sí recibieron.

Sin embargo, Victor Gavidia y algunos otros ex “socios” de LEN tienen una visión completamente distinta. Están casi seguros de que no recuperarán su inversión. No obstante, y como un último intento, le enviaron una carta notarial a LEN pidiéndole que les devuelvan sus 500 dólares, además de los intereses acumulados hasta el momento. No obtuvieron respuesta.

–Siempre hay gente descontenta –dice Triveño–, pero si creen que se van a hacer millonarios invirtiendo 500 dólares… imagínate.

Triveño le paga a Triveño

El contrato donde Triveño se paga a sí mismo

Utero.Pe consiguió conversar con una docena de viejos “socios” de LEN y la mayoría está convencida de que LEN es la empresa detrás de la red social LIFE que ven en la televisión. No saben de su transformación en Success Entertainment y, menos, que LIFE le pertenece a LSN, una empresa distinta a la que ellos aportaron.

Hay varios motivos para ello. Las dos empresas se llaman (o se llamaban) igual, el representante es el mismo y hasta el logo es el mismo.

La historia de cómo LSN puede usar el logo de LEN es interesante. De acuerdo a documentos obtenidos por Utero.pe, en noviembre del año pasado, Raúl Triveño como persona natural firmó un convenio con LSN –representada por su gerente, Raúl Triveño–, donde se comprometía a pagarse a sí mismo 50 mil dólares mensuales a cambio de usar la marca.

– Todo es mío, yo lo hice a nombre personal y lo dejé en alquiler cuando trabajé el proyecto anterior y ahora está en alquiler en la otra empresa. Tengo un royalty como persona pero al fin y al cabo soy el dueño…¿no? – responde risueño.

En octubre del año pasado, LEN se transformó en Success Entertainment. En marzo de este año, Triveño renunció a la gerencia general de Success.

Una obligación moral

Hay una última razón para la confusión de los socios que creen que LEN y LSN son lo mismo. En sus últimas comunicaciones, el objetivo de LEN se convirtió en crear una red social gratuita y abierta al público, muy similar a la red que acaba de ser lanzada.

El documento de Life Entertainment Network está disponible en Internet y dice que “la red social Life! busca contar con el capital necesario para lanzar su plataforma gratuita a nivel nacional”. Para esto, necesitaban nuevos socios que aporten $500 dólares a cambio de un “beneficio económico futuro por parte de Life!”. A ellos, se les “entregará un recibo de ingreso a caja por tratarse de un aporte de capital y no estar afecto al IGV”.

Pero, si al parecer el objetivo de Triveño en ambas empresas era el mismo, ¿por qué crear una nueva razón social?

– Porque era completamente distinto –dice Triveño–. No vas a mezclar cosas, nunca es bueno.
– ¿Pero no era una red social?
– No, no tuvo una red social… bueno, es una red social porque al fin y al cabo tuvo una red inicial entonces sí se puede decir que tuvo una red social, pero tenía cosas muy básicas.

A lo largo de la entrevista, Triveño enfatiza que “no le hará el avión” a 5 mil personas sino que compartirá con ellas un porcentaje de las ganancias de la nueva empresa, “aunque no tendría por qué hacerlo”.

– A ellos (los “socios” de LEN, ahora Success) se les va a dar un porcentaje –aclara Triveño–. Hay una relación contractual (entre Success y LSN) pero es más por una cuestión de cariño con estas personas. Yo no tendría por qué compartir las ganancias de esta empresa con la otra.

Triveño asegura que tiene agradecimiento y una obligación moral con los “socios” de LEN. Asegura que, contractualmente, reserva hasta un 30% de sus ganancias en LIFE para la gente de Success.

– Esa gente que va a ver residuales pronto –dice–. Es como si Facebook se hubiese capitalizado con otra empresa y mañana Mark Zuckerberg les diga, pucha, yo a ustedes les quiero entregar tanto porcentaje de lo que yo gane en esta. Y se hizo así. O sea, yo también podría haber dicho que no.

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