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Subempleo juvenil pasó de 25% a 43% en una década

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El Centro de Investigación de la UP (CIUP) dice que jóvenes trabajan en rubros ajenos a lo que estudiaron en la universidad

 

Conseguir un trabajo que coincida o esté relacionado con lo que uno ha estudiado en la universidad o el instituto es un privilegio en el Perú. Lo que tenemos es un número importante de peruanos que cuentan con más años de estudios de los que necesitan para su trabajo (sobreeducados) y/o laboran en rubros ajenos a lo que estudiaron (subempleados), razón por la cual reciben sueldos bajos en relación a lo que invirtieron en su educación (subpagados).

De acuerdo a datos del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP), el 49% de trabajadores con algún nivel de educación superior está sobreeducado en el Perú, un porcentaje que se ha mantenido relativamente estable desde el 2004 hasta la actualidad. En cambio, el subempleo universitario ha crecido a niveles alarmantes, de 25% a 43% en el mismo periodo de tiempo, afectando mayormente a los jóvenes.

“Se ha demostrado que esta situación se debe a la proliferación de universidades e institutos privados de mala calidad. Los egresados de estas instituciones salen a buscar trabajo con un nivel de productividad muy bajo como para insertarse adecuadamente al mercado laboral”, indica.

UN PROBLEMA QUE AFECTA LOS BOLSILLOS
Este fenómeno también se refleja en los salarios. Existe un número importante de instituciones que, para un nivel dado de inversión, ofrecen un retorno salarial menor al esperado. Nuevos cálculos concluyen, además, que asistir a una universidad de alta calidad incrementaría el retorno salarial entre 32% y 49%.

El CIUP señala que lo preocupante es que es difícil salir de la condición de sobreeducado, subempleado y subpagado, pues se ha evidenciado que las características del primer empleo definirán la trayectoria laboral futura.

“El salario del primer empleo está fuertemente correlacionado con el salario de los empleos futuros. Por ejemplo, las diferencias salariales que se originan entre dos personas a los veinticinco años de edad perdurarán para toda la vida laboral. En otras palabras, el primer trabajo es muy importante porque va a determinar, en algún grado, el perfil salarial futuro.

Este diagnóstico es la reunión de resultados de diferentes estudios del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP), que pronto verán  la luz como un corpus integral en un libro titulado preliminarmente “La brecha persistente entre la educación superior y el empleo en el Perú”.

Sus principales autores –Gustavo Yamada, director del CIUP; Pablo Lavado, profesor-investigador del CIUP y Gonzalo Manrique, asistente de investigación de GRADE– utilizaron ese mismo título para el conversatorio que organizaron hace poco.

En esa reunión,  Yamada dio paso al panel de comentaristas con una advertencia: “Esta brecha entre la educación superior y el empleo puede ampliarse si no se cumplen los estándares de calidad”. A lo que Lavado añadió: “Lo problemático de esta situación es que no solamente estamos viendo una explosión de universidades e institutos privados de mala calidad, sino también de colegios y centros de educación inicial”

¿QUÉ SE DEBE HACER?
Para Lorena Masías, presidenta del Consejo Directivo de la SUNEDU, es necesario fortalecer los programas académicos para la formación profesional de calidad, de tal manera que los egresados tengan los conocimientos necesarios y las competencias blandas pertinentes para adaptarse al contexto laboral. “Ahí se abre un ámbito para las políticas públicas”, sugirió.

En tanto, Juan Chacaltana, economista principal de la OIT, coincidió con Masías en que “la solución está en la capacidad de adaptación”, pues los avances tecnológicos están desfasando rápidamente los conocimientos adquiridos y, en ese sentido, calcular la sobreeducación –es decir, evaluar el número de años de estudios necesarios para desempeñarse en un trabajo– se hace más complicado.

Según el panel de comentarios, el reto también es incluir, desde las políticas públicas, nuevos elementos en el concepto de calidad de la educación superior. Hugo Ñopo, investigador de GRADE, comentó que el networking de las universidades, a través de las oficinas de inserción laboral, debe considerarse como parte de la calidad universitaria, dado que, así como el primer empleo, las prácticas preprofesionales también marcan las características del ciclo de vida laboral.

Dado que las habilidades cognitivas y socioemocionales son importantes para conseguir un empleo, y estas se forman en etapas tempranas, Juan Francisco Castro propuso, como componente de calidad, la definición de un stock mínimo de habilidades que deben evaluar las universidades para aceptar a sus estudiantes. En palabras del investigador del CIUP, “ha habido un decaimiento de la selectividad” de la mano con el boom de instituciones de mala calidad, a tal punto que hoy es más fácil ingresar a las universidades. Calidad, esa es la palabra clave para cerrar la brecha.

DATO
► Los coautores de las investigaciones del CIUP son Nelson Oviedo, asistente de investigación del BID, y Joan Martínez, de la University College London.

El Comercio
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