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#TiaMaria: La pesadilla de la mujer que no apoyó protestas

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Yovana Mendoza Serrano  (Foto: Correo)
Yovana Mendoza Serrano (Foto: Correo)

Han pasado diez días desde que Yovana Mendoza Serrano (35) fue víctima de una brutal golpiza a manos de vándalos antimineros en Cocachacra, y el recuerdo de ese momento no se borra de su mente, más bien recrudece cuando evoca cada puñetazo, patada, golpe de palo, pedrada, insulto, humillación… y no hace más que llorar.

Tengo pesadillas, sueño que me persiguen y que me pegan”, cuenta Yovana a Correo vía telefónica sin poder contener el llanto.

“Pienso que quieren atacarme, suena una alarma o escucho bulla y siento pánico”, agrega con voz temblorosa.

Esta mujer no quiere dar la cara porque teme ataques contra ella o su familia.

“Me han amenazado, me dicen que le van a dar mi foto a un delincuente para matarme”, confiesa.

Cada frase dicha por esta madre está seguida de un llanto incontenible.

Yovana es una víctima más de la violencia que se vive en Islay desde el 23 de marzo por el proyecto minero Tía María.

DRAMA. Después de un respiro y con un nudo en la garganta, esta mujer narra cada episodio de la mañana del 15 de mayo.

Ese día, al promediar las 10.30 horas, Yovana salió de su casa en la Av. Progreso y se dirigió a pie al mercado del distrito. “Me enteré que el señor Nicolás Lúcar llegó a Cocachacra y quise conocerle”.

Cuenta que caminó por la Av. Deán Valdivia hasta el restaurante Tradición Tambeña, donde estaba el periodista. “Lo vi desde el frente de la vereda. Lo empecé a grabar con mi celular hasta que se fue”.

No había caminado ni media cuadra de esta misma vía cuando Yovana vio sobre una moto al presidente de la Junta de Usuarios del Valle de Tambo, Jesús Cornejo Reynoso. “Yo estaba hablando por teléfono con mi esposo y el señor (Cornejo) a gritos y señalándome con el dedo me acusó de infiltrada”, recuerda y vuelve a llorar.

En una denuncia que obra en la comisaría de Cocachacra quedó sentado que el dirigente Cornejo “llamó a Elida Ticona Hinojosa, la misma que gritó a viva fuerza que es una infiltrada e incitó a una turba de antimineros a atacarla”.

“Cuando recuerdo me da pánico”, comenta y se queda en silencio.

A los dos días del ataque, en un programa de televisión, ella narró la pesadilla: “Me han escupido, cacheteado, jaloneado, insultado. Me decían ‘tú eres minera, te vamos a sacar la m…, crucifíquenla, nos vendiste, por tu culpa detuvieron a Pepe Julio, eres culpable y te vamos a matar’”.

MIEDO A RECORDAR. Tras reponerse, retoma su relato: “Cuando me estaban golpeando, me escapé y corrí al local de Serenazgo para pedir ayuda, pero (los serenos) me vieron y me dijeron ‘váyase, no queremos problemas’. Por más que me cogí de sus polos, no me ayudaron y me echaron del local”, recuerda Yovana.

“Perdóneme, tengo miedo de recordar”, dice con voz temblorosa.

En la denuncia que formalizó, Mendoza señala que al local de Serenazgo ingresó un grupo de mujeres que la cogió del cabello y sacó a empujones del lugar.

La obligaron a caminar unos metros y le quitaron sus prendas de vestir hasta dejarla en ropa interior. También le robaron un celular de 1500 soles.

En medio de insultos, patadas, empujones y jaladas de cabello, a Yovana le entregaron una bandera que decía “Agro sí, mina no” y fue obligada a caminar más de 10 cuadras por las calles de Cocachacra hasta la plaza San Francisco. Su hija fue testigo de esta vejación.

“(Allá) me cortaron el pelo, me golpearon con palos en la cabeza y patadas en la espalda”, se lee en la denuncia. Nadie se apiadó de ella, ni los serenos de Cocachacra ni la Policía.

EL RESCATE. Fue Delia Mamani Huayta quien, al percatarse de la agresión, jaló y rescató a su prima Yovana de la turba.

“(Ella) insultó a los agresores y me dio ropa para vestirme, luego me dirigí a la comisaría”.

Esos 20 minutos de terror no se borran de la mente de esta apurimeña que desde hace 13 años vive en Cocachacra, donde nació su esposo.

“Un pastor me está ayudando a superar la pesadilla. Tengo que tomar pastillas para calmar el dolor de cabeza, los nervios y para dormir. Solo quiero olvidar. Ya no quiero hablar, discúlpeme”, nos dijo y cortó la llamada.

La vida de Yovana, su esposo y sus dos hijos ha cambiado desde esa mañana del 15 de mayo. Han tenido que abandonar Cocachacra y refugiarse en un albergue de la ciudad de Arequipa donde ella recibe tratamiento psicológico y ayuda del Ministerio de la Mujer.

La situación en el Valle de Tambo es incierta como la vida de esta familia. Yovana dijo que espera que el problema de la mina se solucione para recobrar la paz en Cocachacra y también en su vida.

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