
Empresa minera ya obtiene agua y electricidad en condiciones ventajosas y no retribuye por uso de infraestructura de la ciudad
Territorio, terrenos y subsuelo
Como un presente navideño, el 24 de diciembre de 2013, el presidente regional, Juan Manuel Guillén, suscribe y manda a publicarse la Ordenanza Regional N° 254 que declara de “Necesidad e Interés Público Regional el proyecto ´Expansión de la Unidad de Producción Cerro Verde´”, aprobada días antes por el Consejo Regional, bajo la presidencia de José Cárcamo.
El objetivo de esta declaratoria era, entre otros, transferir en Propiedad más de 8 mil 200 hectáreas de terrenos ubicados en las cercanías de su concesión minera, dentro de los distritos de Yarabamba, Hunter y Tiabaya, con el fin de facilitar sus operaciones. El irrisorio precio en el que se había tasado los 16 terrenos inscritos en registros públicos como propiedad estatal, fue de S/. 0,57x m2 (57 céntimos de nuevo sol por metro cuadrado). Los más de 82 millones de metros cuadrados, constituyen el 17% de la superficie total de Yarabamba.
Para proceder a la transferencia, en abril de este año el GRA emitió 16 resoluciones ejecutivas suscritas por el presidente regional en las que se adjudica a sí mismo (al Gobierno Regional) estos 16 predios, con el objetivo de destinarlos al proyecto de Expansión de Cerro Verde. Ese era el fin de la tasación.
Esteban Valdez, Jefe de la Oficina de Ordenamiento Territorial hasta el mes de febrero, señala al respecto que mientras ocupó el cargo se opuso a esta transferencia por dos razones: la transferencia directa era ilegal, pues la normativa indica que todo terreno del estado debe ser transferido por subasta pública, además de no haberse consultado a los municipios afectados; y en segundo lugar, porque el monto al que se había tasado los terrenos, no correspondía a la realidad. “Era un regalo”, dice.
También cuenta que los arreglos para esta transferencia se hicieron en conversaciones directas entre una comisión del GRA presidida por el entonces asesor Carlos Leyton, y la funcionaria de Cerro Verde, Julia Torreblanca Marmanillo, acompañada de un numeroso equipo de técnicos que facilitaron el arreglo.
La transferencia no se concretó debido a la oposición de la Superintendencia Nacional de Bienes Estatales que apeló las resoluciones señalando que no se le había pedido opinión técnica como es obligatorio, por lo que hubieron de retroceder y emitir otras 16 resoluciones ejecutivas donde declaran la nulidad de las anteriores, devolviendo al estado la propiedad de los 16 terrenos. El tema está en stand by y será la nueva administración regional la que decida su destino, aunque SMCV ya ocupa varios de estos terrenos precariamente.
Esta pretendida venta de terrenos al Estado es diferente e implica otro tipo de derechos respecto a los que le otorga su concesión sobre suelo arequipeño, que para el proyecto de expansión creció en 800% respecto a la concesión otorgada para el proyecto de lixiviación en 1994 y en 300% respecto al proyecto de sulfuros primarios, en 2004. Así, desde el 2012 tiene una concesión que supera las 60 mil hectáreas y está a muy pocos kilómetros del centro de la ciudad. Como lo han reconocido ya en diversos foros, Arequipa es la única ciudad en el mundo que tiene una mina tan cercana, prácticamente en las afueras de la ciudad o, mejor dicho, Cerro Verde sería la única mina en el mundo que tiene una ciudad dentro de su concesión.

Pura energía
En el año 2004, la empresa de generación eléctrica, Egasa, y Cerro Verde firmaron un contrato para la construcción de la represa de Bamputañe, estimando su costo en 5 millones de dólares. La minera financiaría el costo a cambio de que Egasa se comprometa a mantener la tarifa plana por los próximos 9 años, a partir de 2007 hasta diciembre de 2015.
Además de algunos cargos, el Precio Medio de Venta ha sido fijado en 2.898 centavos de dólar por kilowatt/hora. En soles, sería 0,081144 por kWh. Un usuario comercial paga por esa misma cantidad de energía, entre 5 y 6 veces más, esto es, S/. 0,4566 por kWh. Además de eso, Egasa le reconoce una inversión reembolsable de más de 7 millones de dólares.
Pero esa no fue su única ventaja. En el año 2007 Egasa consideró que la minera no había cumplido los términos del contrato y lo resolvió, solicitando un pago por lucro cesante. La minera argumentó que la obra costaba mucho más de lo estimado por lo que pidió una adenda que le permitiera obtener mejores condiciones. Y así se lo concedieron. Egasa, bajo la presidencia de Adolfo de Córdova, no exigió ningún pago y aceptó que el valor de la represa no era 5 sino 11 millones 390 mil soles. Los perjuicios reales para Egasa son incalculables, pero la empresa seguía obligada a venderle energía a un costo irrisorio, hasta diciembre de 2015.
¿Cuál es la situación en este momento con la venta de energía, escasa por la falta de lluvias?, habría que preguntarse.
Cerro Verde, que toma directamente del Río Chili, paga la cifra promedio de 0,018 céntimos de nuevo sol. Un usuario cualquiera de Sedapar paga, en cambio, S/. 0,56 nuevos soles por metro cúbico de agua.
Agua bendita
Actualmente la dotación de agua fresca a Cerro Verde, que toma directamente del Río Chili, es de 1,160 metros cúbicos por segundo (reducida temporalmente por la sequía en 200 metros), por la cual paga la cifra promedio de 0,018 céntimos de nuevo sol. Un usuario cualquiera de Sedapar paga, en cambio, S/. 0,56 nuevos soles por metro cúbico de agua. Si esto ya es desventajoso, lo que resulta inadmisible es el convenio específico que el gerente de Sedapar, Xavier Zagaceta (hoy alto funcionario de Otass), firmó prácticamente en secreto con Cerro Verde, por el cual desiste de cobrar por el agua tratada que entregará a la minera a cambio de que ésta construya la Planta de Tratamiento de La Enlozada. A pesar que el convenio marco para esta obra dice que Cerro Verde deberá pagar por el agua tratada que utilizará para triplicar sus operaciones, Zagaceta decidió no cobrarle nada, a espaldas de los propios alcaldes, integrantes de la Junta de Accionistas de Sedapar. El tema fue motivo de un escándalo a mediados del año pasado, pero ahora ya todos parecen haberse resignado al “faenón” como fue denominada aquella negociación. La peor consecuencia sería que, gracias a su convenido de estabilidad tributaria, los 943 millones de soles en los que ha valorizado la planta (y que ahora se habrían elevado a 1,300 millones, según la empresa), sean descontados íntegramente de sus obligaciones tributarias, dado que se trata de una obra declarada de “interés público”, con lo que el gran perdedor sería nuevamente la ciudad.
Ahora señor lector o lectura, pregúntense si habían razones suficientes para estas denuncias y si pedir que la minera pague sus obligaciones a la ciudad es un “acto subversivo”.
Fuente: El Búho




















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