restauración de varillales

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Los varillales amazónicos son bosques que crecen sobre suelos de arena blanca, caracterizados por una muy baja disponibilidad de nutrientes y una alta acidez. A pesar de estas condiciones extremas, albergan especies vegetales altamente adaptadas a la pobreza del suelo. Los varillales constituyen un componente único de la Amazonía peruana y se distribuyen en zonas como la Reserva Nacional Allpahuayo-Mishana, donde se investiga su composición, dinámica y función ecológica.

Pese a su relevancia ecológica y cultural, estos ecosistemas vienen siendo afectados desde hace años por la extracción de arena blanca, actividad vinculada a la minería no metálica en la Amazonía. Este impacto es particularmente visible a lo largo de la carretera Iquitos–Nauta, en la provincia de Maynas, Loreto. La arena extraída se destina principalmente al sector construcción en la ciudad de Iquitos, lo que ha provocado la pérdida de cientos de hectáreas de varillales, cuyos efectos pueden tardar décadas en revertirse debido a la baja fertilidad del suelo y a la lenta regeneración natural de la vegetación.

El Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP), entidad adscrita al Ministerio del Ambiente, presentó recientemente los resultados científicos sobre la recuperación de varillales impactados por la extracción de arena en la provincia de Maynas. El estudio concluye que la calidad del suelo es un factor determinante en la velocidad de recuperación de la flora, condición que a su vez favorece el retorno progresivo de la fauna silvestre. En ese sentido, la investigación prioriza acciones orientadas a la mejora del sustrato antes de implementar intervenciones de reforestación.

Durante el año 2025, el equipo de investigación evaluó canteras abandonadas con 3, 16 y 23 años de inactividad. Asimismo, identificó dos tipos de micrositios, definidos como pequeñas áreas dentro del terreno que presentan condiciones diferenciadas de suelo. Estos se clasificaron en zonas con montículos de arena mezclada con restos orgánicos y zonas sin acumulación de materia orgánica.

Los resultados evidencian que los micrositios con montículos en canteras recientes alcanzan niveles de calidad de suelo similares a áreas conservadas de bosque, las cuales no han sido sometidas a extracción de arena ni alteraciones significativas de su cobertura vegetal. Estas áreas de referencia mantienen condiciones naturales de suelo, flora y fauna, y registran una mayor diversidad de especies vegetales.

En el componente de vegetación, los especialistas del IIAP registraron 3 614 plantas, correspondientes a 81 especies y 42 familias botánicas. Las especies arbóreas representaron más de la mitad de la riqueza total; sin embargo, la diversidad aún es inferior a la de un bosque intacto. Esto confirma que la recuperación natural es posible, aunque requiere apoyo técnico para acelerar el proceso.

Respecto a la fauna, se identificaron 79 especies de aves, 18 especies de murciélagos y 11 especies de mamíferos. No obstante, debido al impacto de la minería no metálica, la diversidad faunística es menor en comparación con áreas protegidas como la Reserva Nacional Allpahuayo-Mishana.

A partir de estos hallazgos, el IIAP plantea estrategias de restauración ecológica basadas en la reintroducción de materia orgánica, hojarasca y restos leñosos, así como en la creación de islas de diversidad o núcleos de vegetación, alternativas de bajo costo y alta efectividad que buscan reactivar los procesos ecológicos y mejorar la fertilidad del suelo.

El IIAP estima que la minería no metálica ha afectado más de 8 000 hectáreas de varillales a lo largo de la carretera Iquitos–Nauta. Para el 2026, la institución proyecta desarrollar tecnologías que fortalezcan la calidad biológica del suelo y la cobertura vegetal en estos ecosistemas degradados, además de ampliar sus investigaciones a la recuperación de fajas marginales en corredores hídricos de San Martín y Ucayali, así como a estudios de línea base en suelos impactados por derrames de hidrocarburos en Loreto.