ProActivo | El gerente general de Compañía Minera Crespo, Fernando Valdez Nolasco, analiza el escenario del sector minero peruano, en el que Perú es el tercer productor mundial de cobre. En conversación con ProActivo, precisó que la electromovilidad exige hasta seis veces más minerales críticos; sin embargo, advierte que para aprovechar este «superciclo verde», la industria tendrá superar desafíos como la inestabilidad política, la incertidumbre regulatoria y los conflictos sociales, migrando hacia un modelo de valor compartido y transparencia. Aquí la entrevista concedida a ProActivo.
El Perú es el tercer productor mundial de cobre detrás de Chile y la República Democrática del Congo gracias a operaciones de gran dimensión como Las Bambas, Cerro Verde, Antamina y Quellaveco. En este contexto, ¿cómo describe el panorama actual de dicha industria minera frente a la transición energética global?
El panorama es bastante prometedor, pero también complejo. Estamos viviendo un momento clave debido a la transición energética global. La demanda de minerales críticos como cobre, litio, níquel y cobalto está creciendo rápidamente, y el Perú tiene una posición estratégica en este escenario gracias a sus recursos y proyectos mineros de gran escala.
La transición hacia energías renovables y la electromovilidad requiere enormes cantidades de minerales. Por ejemplo, un vehículo eléctrico utiliza hasta seis veces más minerales críticos que un automóvil convencional. Esto ha generado lo que muchos llaman el “superciclo verde”, un período de alta demanda sostenida para los metales estratégicos. Contamos con un enorme potencial geológico que todavía puede atraer nuevas inversiones.
Sin embargo, el sector enfrenta retos estructurales internos. ¿Cuáles son hoy los principales desafíos que enfrenta la minería peruana?
Hay varios. Uno de los más importantes es la gobernanza y la estabilidad política. También tenemos incertidumbre regulatoria, conflictos sociales, debilidad institucional y brechas de infraestructura. A eso se suman las crecientes exigencias ambientales y sociales a nivel internacional.
Para el futuro de la minería peruana, necesitamos fortalecer la institucionalidad, garantizar estabilidad y apostar por una minería sostenible, competitiva y socialmente responsable.
La relación con el entorno sigue siendo un tema sensible. ¿Cómo puede mejorar la licencia social bajo el concepto de “valor compartido”?
Definitivamente es un aspecto central. Hoy las comunidades no solo esperan inversión, sino también transparencia, participación y beneficios concretos. La licencia social ya no se obtiene únicamente con compensaciones económicas; se construye con confianza, diálogo y un compromiso real con el desarrollo sostenible. Las empresas que logren integrar sostenibilidad en su estrategia de negocio serán las que puedan desarrollar proyectos con estabilidad a largo plazo.
El valor compartido, planteado por Michael Porter y Mark Kramer, propone que las empresas sean competitivas y generen rentabilidad, mientras contribuyen al desarrollo social y económico de las comunidades donde operan. El éxito empresarial y el bienestar social no deben verse como objetivos separados, sino complementarios. El futuro del sector dependerá de la capacidad de generar consensos, fortalecer la competitividad y crear valor compartido para el país y las comunidades.
¿Qué acciones concretas deberían implementar las empresas mineras para superar los desafíos que tiene?
Hay varias líneas de trabajo. Primero, mejorar la productividad y sostenibilidad dentro de la cadena de valor. Segundo, impulsar proveedores y capacidades locales. Y tercero, desarrollar proyectos con altos estándares de transparencia y ética empresarial.
¿Cuándo habla de transparencia a qué se refiere?
A brindar información clara sobre impactos, permisos y compromisos; garantizar procesos íntegros y decisiones trazables; y mantener relaciones responsables con comunidades, proveedores y el Estado.
¿Cuál es la importancia de Arequipa para el sector minero?
Arequipa es una de las regiones más importantes del sector minero peruano. Tiene proyectos emblemáticos y con fuerte impacto económico y social. Además, demuestra cómo la minería puede convertirse en un motor de desarrollo regional cuando existe articulación entre inversión privada, Estado y comunidades.
La minería puede seguir siendo uno de los principales motores del desarrollo nacional, siempre que el crecimiento del sector avance de la mano con la sostenibilidad, la innovación y la construcción de confianza social.






















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