En el ámbito empresarial, la gestión de la comunicación trasciende la simple visibilidad para convertirse en el conector clave entre el desempeño de una organización y las expectativas de la sociedad. La reputación no es un fin en sí mismo, sino un activo intangible que se edifica sobre hechos concretos: desempeño operacional y financiero, ética, sostenibilidad, talento, innovación y capacidad de crecimiento. La función de la comunicación es poner en valor esa evidencia, conectarla con las demandas del entorno y otorgarle sentido, bajo la premisa de que la evidencia siempre precede al relato.
Así, los resultados de Merco Empresas Perú 2026 ubicaron a Minsur en el primer lugar del sector minero por segundo año consecutivo (puesto 38 en el ranking general) y a Marcobre en la novena posición sectorial. Más allá del reconocimiento corporativo, este resultado refleja la aplicación práctica de un modelo donde la comunicación busca construir legitimidad para respaldar las operaciones y el crecimiento de la compañía dentro y fuera del país.
ProActivo aborda cómo el sistema de gestión de Minsur traduce la conducta empresarial en reconocimiento social y en capacidad estratégica para operar.
De gestionar la reputación a construir legitimidad
Entender la comunicación como un sistema de gestión supone diferenciar entre la acumulación de confianza y la validación social de las decisiones de la empresa en el territorio.
«Reputación y legitimidad están relacionadas, pero no son lo mismo. La reputación acumula reconocimiento y confianza; la legitimidad supone que nuestros distintos públicos reconozcan nuestra presencia, nuestras decisiones y nuestra capacidad de generar valor como válidas. En una industria como la minera, esa confianza acumulada se convierte en una capacidad estratégica para operar, crecer y construir relaciones de largo plazo en los territorios», precisó Enrique Kitamoto, gerente de Comunicaciones de Minsur.
Para traducir esta lógica en un sistema de gestión, Minsur parte de su propósito y de los atributos que busca demostrar con hechos —responsabilidad, respeto, compromiso, excelencia y sostenibilidad—. Estos elementos se traducen en arquitecturas de narrativas, perfiles, públicos y vocerías, además de estrategias de contenidos y monitoreo.
El modelo aplica un «foco inteligente» que sustituye la búsqueda indiscriminada de visibilidad por la construcción deliberada de significado en espacios relevantes. En este esquema, la vocería del CEO Juan Luis Kruger (top 20 en Merco Líderes) y de ejecutivos, como Gonzalo Quijandría, proyecta la conducta y decisiones de la organización.
Coherencia comunicacional frente al desafío de la expansión
La clave de este enfoque reside en la coherencia: reducir la distancia entre lo que la empresa es, lo que hace, lo que dice y lo que sus públicos reconocen. Esta lógica adquiere especial relevancia en un escenario de crecimiento con operaciones en Puno, Tacna e Ica, nuevos proyectos de exploración en el país y una estrategia de expansión internacional.
En este contexto, los estándares operacionales, la ética, la sostenibilidad, la innovación y el desarrollo territorial dejan de ser únicamente dimensiones de gestión interna para convertirse en evidencias sobre las cuales la comunicación construye reputación y legitimidad.
«La reputación no debería construirse para ocupar un lugar en un ranking. Su verdadero valor aparece cuando convierte una conducta empresarial consistente en confianza y esa confianza contribuye a generar legitimidad. Para una empresa que quiere crecer, generar valor de largo plazo y dejar un legado positivo, la comunicación tiene una tarea mucho más profunda que contar lo que hacemos: debe ayudar a construir coherencia entre lo que somos, lo que hacemos y lo que la sociedad espera de nosotros. Al final, una buena reputación no reemplaza la realidad; es la evidencia de una realidad empresarial que los demás consideran valiosa», puntualizó Enrique Kitamoto, gerente de Comunicaciones de Minsur.

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