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La resiliencia de los relaves debe pensarse desde hoy

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Pablo Gómez, SME & Advisory Board Leader de Ausenco Perú

Por Pablo Gómez, SME & Advisory Board Leader de Ausenco Perú 

Durante años, la gestión de relaves se ha enfocado principalmente en garantizar su almacenamiento seguro y estabilidad a largo plazo. Sin embargo, hoy tenemos la oportunidad de replantear el futuro de estas instalaciones desde una perspectiva más estratégica y sostenible. Cada año, la minería genera cerca de 13 mil millones de toneladas de nuevos relaves, mientras que la necesidad de contar con minerales continúa creciendo para impulsar la transición energética y el desarrollo de nuevas tecnologías.

Este escenario nos lleva a replantear cómo diseñamos y gestionamos los depósitos de relaves. Dado que estas instalaciones pueden permanecer bajo gestión durante décadas y sus condiciones pueden cambiar a lo largo de su ciclo de vida, la resiliencia debe incorporarse desde las etapas iniciales de la ingeniería, considerando no solo las condiciones actuales, sino también cómo responderá el depósito frente a futuros escenarios climáticos, ambientales y operacionales.

Esta visión también abre una posibilidad que merece mayor atención. Los relaves que hoy consideramos residuos podrían convertirse, en determinadas circunstancias, en una nueva fuente futura de recursos. Los avances tecnológicos y el crecimiento de la demanda por determinados minerales están haciendo que materiales que antes no resultaban económicamente atractivos vuelvan a ser evaluados.

Para que esto sea posible, debemos empezar a diseñar pensando en ese futuro. La recuperación de agua, la separación de fracciones, las alternativas de disposición y la posibilidad de reprocesar los relaves pueden incorporarse desde la etapa de diseño. Esto permitiría que, cuando las condiciones tecnológicas y económicas sean favorables, el depósito pueda adaptarse a nuevos usos sin que ello implique partir nuevamente desde cero.

El reaprovechamiento de los relaves, además, no debería evaluarse únicamente por la cantidad de mineral que podría recuperarse. También puede representar una oportunidad para reducir volúmenes almacenados, revisar y transformar las condiciones de cierre, disminuir la exposición ambiental y gestionar de mejor manera los riesgos asociados a estas instalaciones.

La próxima generación de depósitos de relaves debería incorporar esta mirada desde el comienzo. No se trata de asumir que todos los relaves serán reprocesados, sino de diseñar instalaciones con la flexibilidad necesaria para que puedan serlo si las condiciones futuras lo permiten. En un contexto de mayor demanda de minerales y de cambios en las condiciones climáticas, apostar por la resiliencia significa preparar desde ahora los relaves pensando en los desafíos del futuro.

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