Las empresas Glencore y Rio Tinto retomaron conversaciones para una posible megafusión. Si llegan a un acuerdo, nacería la minera más grande del mundo. Este interés renovado surge porque el cobre está en precios récord y la demanda de minerales clave para la transición energética, la electrificación y todo lo relacionado con inteligencia artificial no deja de crecer.
Ambas compañías admitieron que las charlas pueden terminar en la combinación de parte o la totalidad de sus negocios, incluso con una fusión total en acciones. Según el plan que están revisando, Rio Tinto podría quedarse con Glencore usando un mecanismo legal avalado en Reino Unido. Sin embargo, los propios directivos precisan que todavía no hay garantía de que llegue una oferta formal ni de que se pongan de acuerdo en los detalles finales.
Si logran avanzar, la empresa resultante tendría un valor bursátil de unos US$ 207,000 millones, y subiría a US$ 260,000 millones si se suma la deuda. El nuevo gigante dominaría el cobre, el zinc, el níquel, el carbón metalúrgico y otros metales clave, y quedaría mejor posicionado para enfrentar los desafíos y oportunidades del mercado global de materias primas.
Este interés por fusionarse se da en medio de una ola de consolidación porque todos buscan asegurar minerales críticos. El reciente acuerdo entre Anglo American y Teck Resources, enfocado en cobre, puso presión extra sobre gigantes como BHP, Rio Tinto y Glencore para no quedarse atrás en la carrera por escala, eficiencia y recursos a largo plazo.
Desde el punto de vista financiero, ambas empresas llegan sólidas, aunque con estilos distintos. Glencore reportó ingresos de US$ 231,000 millones en 2,024 y un EBITDA ajustado de US$ 14,360 millones, gracias a su fortaleza en comercialización de materias primas y a una base de activos mineros diversificados. Rio Tinto, en cambio, registró US$ 53,660 millones en ingresos y un EBITDA ajustado de US$ 23,315 millones, reflejando una operación más enfocada en activos de alta calidad y bajo costo, especialmente en hierro y cobre.
Aun así, el mercado mantiene dudas. Tras el anuncio, las acciones de Glencore subieron, pero las de Rio Tinto bajaron. Los inversionistas temen que se pague demasiado caro o que se repitan errores de megafusiones pasadas que terminaron siendo dilutivas. Analistas ven potencial de creación de valor, pero advierten que la operación sería compleja y la integración delicada.
Rio Tinto tiene hasta el 5 de febrero de 2,026 para decidir si presenta una oferta formal o se baja de la mesa. El mercado seguirá cada movimiento de cerca. Aquí no solo se juega una fusión, sino el futuro del mapa minero mundial en un momento clave para la energía y la industria.

