De la pantalla curva al sensor ultrasónico: evolución en terminales premium
La evolución de los smartphones premium ha transformado radicalmente la experiencia móvil en los últimos años, pasando de diseños innovadores pero controvertidos como las pantallas curvas a tecnologías de vanguardia como los sensores ultrasónicos de huella dactilar.
Este recorrido no solo refleja cómo la industria prioriza ahora la funcionalidad, durabilidad y seguridad sobre meros efectos visuales, sino que también responde a las demandas de usuarios globales, incluidos los peruanos, donde el mercado de terminales premium crece impulsado por una clase media digital cada vez más exigente y conectada.
Orígenes de la pantalla curva
Las pantallas curvas irrumpieron como un símbolo de innovación en la gama alta alrededor de 2014, con Samsung liderando la tendencia mediante los Galaxy Note Edge y Galaxy S6 Edge, cuyos paneles OLED flexibles se curvaban en los laterales para ofrecer una mayor inmersión visual y accesos rápidos a notificaciones mediante gestos intuitivos.
Estos dispositivos prometían una experiencia futurista, donde los bordes laterales funcionaban como extensiones funcionales para alertas o controles multimedia, capturando la imaginación de un público ávido de diferenciación en un mercado saturado de diseños rectangulares.
Sin embargo, pronto revelaron limitaciones prácticas que eclipsaron su atractivo inicial, toques accidentales frecuentes al manipular el teléfono en bolsillos o mesas, mayor fragilidad ante impactos laterales debido a la tensión en los bordes curvados, y costos de producción elevados que se trasladaban directamente al precio final, haciendo que modelos como el S6 Edge superan fácilmente los S/4,000 en el mercado peruano de la época.
Fabricantes rivales como LG con su serie G Flex y Huawei con el Mate 9 rápidamente adoptaron esta estética, posicionándose como emblema indiscutible de lo premium y diferenciándose de la gama media plana y convencional. En el contexto peruano, donde los usuarios valoran la resistencia por el uso intensivo en entornos variados, las pantallas curvas generaron opiniones divididas desde el principio.
Inicialmente celebradas por su diseño futurista que evocaba ciencia ficción, terminaron siendo criticadas por reflejos molestos bajo la luz solar intensa, menor precisión táctil en aplicaciones cotidianas como edición de fotos en Instagram o navegación GPS en rutas, y una propensión a rayones que complicaba su mantenimiento sin fundas especializadas.
Estudios de satisfacción de usuarios en foros locales como HTC Mania Perú reportaban que hasta el 30% de dueños de estos modelos enfrentaban problemas de sensibilidad irregular, lo que frenaba su adopción masiva entre profesionales móviles.
La transición hacia curvas extremas, conocidas como “cascada” en modelos como el Huawei Mate 30 Pro de 2019 o el Vivo NEX 3, exacerbó estos inconvenientes, con tasas de fallos reportadas superiores al 20% en encuestas globales de sitios como GSMArena, incluyendo roturas prematuras por caídas laterales y dificultades para aplicar protectores de pantalla adherentes.
Xiaomi y Oppo siguieron la moda en su gama media-alta con dispositivos como el Mi 10 Ultra, inundando el mercado peruano vía importadores, pero la saturación llevó a una reevaluación colectiva, la estética sola no bastaba para justificar primas de precio que oscilaban entre S/2,500 y S/5,000. Esta fase experimental sentó las bases para un cambio paradigmático, donde la industria comenzó a escuchar feedback real de usuarios que priorizaban practicidad sobre espectáculo visual.
Declive de las curvas y auge de lo plano
Hacia 2020, la industria comenzó a abandonar progresivamente las pantallas curvas en favor de diseños completamente planos, priorizando usabilidad diaria, protección mejorada con vidrios como Corning Gorilla Glass Victus o superior, y una integración más armónica con accesorios como fundas y soportes magnéticos.
Samsung, como pionera en curvas, marcó un punto de inflexión definitivo con la serie Galaxy S24 lanzada en enero de 2024, especialmente el S24 Ultra, que eliminó por completo la curvatura en su pantalla Dynamic AMOLED 2X de 6.8 pulgadas, optando por bordes rectos que maximizan la superficie usable y minimizan accidentes.
Este cambio no fue casual ni impulsivo, respondía a quejas masivas acumuladas durante años sobre toques fantasma, roturas laterales comunes en modelos previos como el S23 Ultra, y una demanda creciente por pantallas que funcionan impecables con lápices ópticos como el S Pen incluido en el paquete.
El Galaxy S24 Ultra incorpora un panel QHD+ con brillo máximo de 2600 nits, tecnología anti-reflejos que reduce el deslumbramiento en exteriores soleados, y un marco de titanio grado 2 que eleva la resistencia a caídas desde 1.5 metros, logrando un equilibrio perfecto entre estética premium y practicidad cotidiana.
En Perú, este modelo se posicionó rápidamente como referente absoluto, con ventas impulsadas por su disponibilidad inmediata en tiendas y operadoras como Claro y Movistar, ofreciendo planes postpago desde S/3,500 con cuotas mensuales accesibles para profesionales y emprendedores digitales.
Otros ejemplos contemporáneos, como el iPhone 15 Pro Max de Apple con su Always-On Display plano y titanio similar, o el Google Pixel 8 con bordes rectos optimizados para IA, reforzaron esta nueva norma global, mientras OnePlus 12 y Nothing Phone 2 optaron por diseños minimalistas que priorizaban la protección integral.
Avances en biometría tradicional
Mientras las pantallas se aplanaban para ofrecer mayor estabilidad estructural, la biometría en terminales premium dio saltos cualitativos que prepararon el terreno para innovaciones superiores, evolucionando desde sensores capacitivos físicos a soluciones integradas bajo pantalla.
Los sensores ópticos de huella bajo pantalla, populares desde 2018 en dispositivos pioneros como el OnePlus 6T y Vivo X20 Plus UD, utilizaban luz LED para mapear venas dactilares subcutáneas, ofreciendo desbloqueos rápidos pero con limitaciones notables en condiciones reales como humedad o pantallas sucias, problemas endémicos en el clima variable de la selva peruana o la neblina costera.
Samsung refinó esta tecnología en la serie Galaxy S21 con módulos Goodix de tercera generación, alcanzando tiempos de desbloqueo de 0.2 segundos y precisiones cercanas al 95% en escenarios ideales, aunque seguían fallando en un 15-20% de casos con dedos grasientos o bajo lluvia ligera.
El Face ID de Apple, introducido en 2017 con el iPhone X mediante proyección de puntos infrarrojos y mapeo 3D facial, ofreció un nivel de seguridad comparable al de las huellas tradicionales, almacenando datos en el Secure Enclave para privacidad robusta, pero generó debates éticos por su dependencia de cámaras frontales expuestas y vulnerabilidades a spoofing con máscaras 3D en pruebas controladas que alcanzaban un 10% de éxito.
En terminales premium como el Galaxy S22 Ultra, Samsung combinó desbloqueo facial 2D con sensores ópticos híbridos, mejorando la velocidad mediante algoritmos de machine learning, pero la dependencia exclusiva de software y hardware óptico limitaba su robustez en entornos no controlados.
En Perú, donde la ciberseguridad gana relevancia explosiva con el auge de apps financieras como Yape, Plin y BBVA Wallet, usadas por más del 70% de smartphones activos según OSIPTEL, estos sistemas se volvieron esenciales para transacciones diarias, aunque reportes de fraudes biométricos en 2024 subrayaron la necesidad de mayor fiabilidad.
La hibridación resultante, facilitada por pantallas planas que permitían sensores más grandes y mejor calibrados, allanó el camino para la verdadera revolución ultrasónica, integrando biometría con displays más resistentes y eficientes.



