La directora de Videnza Instituto, Paola Bustamante, reflexionó sobre los límites del canon, el caso Cajamarca y la necesidad de una visión integral para el desarrollo local.
Paola Bustamante, directora de Videnza Instituto y exministra del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, planteó en el marco del primer Jueves Minero de este año, una reflexión crítica sobre el rol de las políticas públicas y los desafíos pendientes para que la minería contribuya de manera efectiva al desarrollo territorial y la inclusión social.
Desarrollo territorial más allá de la minería
“La minería genera un aporte importante al país, pero el reto sigue siendo cuánto desarrollo en el territorio se logra realmente a partir de esa actividad”, señaló Bustamante al referirse al caso de Cajamarca, uno de los departamentos con mayor potencial minero y, a la vez, con mayores niveles de pobreza.
“La respuesta más fácil es decir que no se ejecuta el canon o las regalías, o que no hay buenos proyectos de inversión. Pero la pregunta es si solo es eso o si también debemos identificar cuáles son los motores de desarrollo del territorio que pueden ir de la mano con la minería”, afirmó en el evento organizado por el Instituto de Ingenieros de Minas del Perú (IIMP).
Además, explicó que la actividad minera impulsa el empleo principalmente en la etapa de construcción y genera encadenamientos productivos durante la operación. “Surgen nuevos negocios vinculados a servicios como hostelería o limpieza, pero no toda la población del territorio tiene la posibilidad de integrarse a ese circuito económico”, advirtió.
Cajamarca y los límites del canon
Bustamante remarcó que asumir que la minería, por sí sola, generará desarrollo es un error. “Cajamarca tiene potencial minero, pero también puede desarrollarse desde la ganadería o la agricultura. El reto es lograr un desarrollo territorial que conviva con la minería, no solo en el Perú, sino en distintas partes del mundo”, sostuvo.
En esa línea, cuestionó que la ejecución presupuestal sea vista como la solución central. “Hay gobiernos regionales que han ejecutado el 100% de los recursos transferidos y, aun así, siguen encabezando los índices de pobreza. Hay obras en marcha y presupuesto ejecutado, pero el problema persiste”, apuntó.
Articulación para un desarrollo sostenible
La directora de Videnza Instituto destacó que la minería puede actuar como un catalizador para activar otras actividades económicas, pero no debe ser considerada el único motor. “Los minerales se terminan y el desafío es que, cuando la actividad minera concluya, el desarrollo continúe y sea sostenible gracias a la dinamización previa del territorio”, enfatizó.
Para ello, consideró clave la creación de espacios de interacción entre el sector público, el privado, los gremios y la ciudadanía. “Existe el error frecuente de pensar que solo la actividad minera debe aportar al desarrollo del territorio, cuando en realidad todos los actores deben hacerlo”, señaló.
Finalmente, Bustamante subrayó que estos mecanismos deben basarse en confianza, responsabilidad compartida y objetivos comunes. “La empresa minera tiene que participar en espacios donde no solo se hable de minería, sino también de ganadería, agricultura y de todo lo que el territorio puede ofrecer. Cuando se reconoce esa diversidad productiva, es ahí donde realmente empezamos a generar desarrollo sostenible”, concluyó.


