Las grandes petroleras chinas que operan en Venezuela están buscando consejo de Pekín sobre cómo proteger sus inversiones, justo cuando Washington mete más presión para que el país latinoamericano rompa relaciones comerciales con China. Empresas estatales, con la Corporación Nacional de Petróleo de China (China National Petroleum Corporation – CNPC) a la cabeza, hablaron esta semana con agencias del gobierno chino. Les pidieron orientación y dejaron clara su preocupación.
Las empresas quieren asegurarse de que sus respuestas vayan en línea con la estrategia diplomática de Pekín, en parte para defender sus intereses en algunas de las reservas de petróleo más grandes del planeta. Lo dicen personas que conocen el tema, pero prefieren no dar su nombre porque las conversaciones siguen siendo privadas.
Estas compañías llevan tiempo siguiendo de cerca todo lo que pasa en Venezuela, incluso antes de que Estados Unidos pusiera en la mira a Nicolás Maduro el fin de semana. Además, altos funcionarios chinos observan el panorama por su lado, tratando de entender hasta dónde llegan los riesgos para sus empresas y preparándose para cualquier escenario, incluso el peor: perder todas las inversiones en Venezuela.
No es raro que las empresas estatales chinas tengan contacto directo y frecuente con el gobierno en situaciones delicadas. Pero estas consultas de emergencia muestran que la jugada de Washington tomó por sorpresa a las grandes compañías chinas, sobre todo por la rapidez con la que Estados Unidos quiere aumentar su influencia en la región. Más allá del golpe inmediato, lo que realmente inquieta a todos son las consecuencias a largo plazo.
En las últimas décadas, las empresas chinas han construido una presencia fuerte en América Latina, aprovechando la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Venezuela, gracias a su enorme riqueza petrolera, ha sido uno de los países más beneficiados.
Deuda
China empezó a prestarle dinero a Venezuela en 2007, cuando Hugo Chávez todavía era presidente, para proyectos de infraestructura y petróleo. Los datos públicos dicen que, para 2015, ya bajo el mando de Maduro, Pekín había prestado más de 60 mil millones de dólares, respaldados con petróleo, a través de sus bancos estatales.
Durante todo ese tiempo, a medida que las sanciones de Estados Unidos se volvían más duras, China terminó como el mayor comprador de petróleo venezolano y su principal acreedor. Petroleras como CNPC, la matriz de PetroChina, y China National Offshore Oil Corp. tienen proyectos de petróleo y gas en la Faja del Orinoco y otras zonas. También han invertido en refinerías y plantas petroquímicas.
Los analistas estiman que Venezuela debe actualmente entre 150,000 y 170,000 millones de dólares, y JP Morgan calcula que 102 000 millones de esa cantidad son en forma de bonos, mientras que la deuda bilateral con China asciende a un total de entre 13,000 y 15,000 millones de dólares.
Eso sí, en los últimos años las empresas chinas se volvieron más cautelosas. La economía venezolana se fue a pique y muchos proyectos ya no funcionan ni cerca de su capacidad original. La mayoría recortó operaciones por el cambio en las prioridades de China, aunque algunas, como la CNPC, todavía mantienen personal en el país para manejar sus negocios y la empresa conjunta con PDVSA.
A pesar de eso, Venezuela sigue debiendo miles de millones. Justo esta semana, el principal regulador financiero de China pidió a los bancos y grandes prestamistas que reportaran su exposición y reforzaran el control de los riesgos sobre todo el crédito relacionado. El Banco de Desarrollo de China sigue siendo uno de los grandes prestamistas, sobre todo con acuerdos respaldados por crudo.
Gestión
Décadas de mala gestión han destrozado la infraestructura petrolera venezolana y, bajo Maduro, la producción cayó en picada. Ahora mismo, el petróleo venezolano representa solo el 4% de las importaciones de crudo de China en 2025. Lo que más preocupa a las compañías no es solo el presente, sino todo lo que invirtieron en el pasado y el potencial que todavía ven en el país.
En estos días, mientras el ministro canadiense Mark Carney planea un viaje a China, Pekín ha criticado abiertamente el llamado de la administración Trump para que Venezuela rompa con sus viejos aliados: China, Rusia, Irán y Cuba. China lo llamó un “acto de intimidación” y defendió el derecho de otros países a proteger sus relaciones. Estos comentarios salieron después de que medios como ABC News y el New York Times informaran que la Casa Blanca exige a Venezuela cortar sus lazos con esos socios.

