Por Alejandro Galarza, Gerente de Generación en Fenix
Cada vez que encendemos la luz o cargamos el celular, damos por sentado algo fundamental: que la energía estará ahí, disponible y sin interrupciones. Esa confianza cotidiana no es casual, detrás de la electricidad que impulsa al Perú hay planificación, rigor técnico y decisiones que se toman lejos del foco público. En el marco del Día de la Energía, es importante poner en valor un elemento clave para la seguridad energética del país: el mantenimiento de las centrales eléctricas.
Esta reflexión cobra mayor relevancia en un contexto de transición energética con mayor participación de energías renovables. Sin embargo, estas tecnologías —especialmente las variables como la solar y la eólica— dependen de condiciones naturales cambiantes. Para compensar esta variabilidad, el sistema necesita centrales capaces de responder, algo posible solo si cuentan con mantenimiento preventivo y disponibilidad operativa.
El mantenimiento anual de una central es una decisión estratégica que asegura generación confiable y eficiente. Cada año, las centrales suelen realizar paradas técnicas que permiten revisar turbinas, bombas, calderas y subestaciones bajo los más altos estándares. Esto reduce el riesgo de fallas no programadas y garantiza que la central esté lista para operar cuando el coordinador del sistema lo requiera.
Este proceso también impulsa la eficiencia operativa y el cumplimiento ambiental: equipos con mantenimiento preventivo consumen menos recursos, presentan menos fugas y operan dentro de los parámetros ambientales exigidos.
Este proceso no se realiza de manera aislada. En el Perú, el mantenimiento de las centrales eléctricas está cuidadosamente regulado y coordinado. El Comité de Operación Económica del Sistema Interconectado Nacional (COES) organiza los cronogramas de mantenimiento anual, evitando cruces entre centrales y asegurando que el sistema mantenga su equilibrio. A su vez, el Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería (OSINERGMIN) supervisa estos procesos, garantizando que las centrales retornen a operación en los plazos establecidos y bajo condiciones seguras.
Hoy, en el Día Mundial de la Energía, recordemos la importancia de este y otros procesos operativos que hacen posible un sistema eléctrico nacional confiable. La transición energética requiere innovación tecnológica, pero también una base sólida que garantice continuidad y seguridad. Solo asegurando que cada activo opere con los más altos estándares podremos avanzar hacia una matriz energética verdaderamente moderna, segura y sostenible.

