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Precio de la plata retrocede cerca de 60% desde su récord en enero de 2026

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Lingote de plata

La plata vive uno de los desplomes más pronunciados de su historia reciente. El metal blanco, que en enero de 2026 alcanzó un récord cercano a los 122 dólares la onza, cotiza hoy en torno a los 49 dólares, lo que representa una caída de casi el 60% en apenas diez meses. El oro, en cambio, ha resistido con mayor solidez: aunque también retrocedió desde su máximo de 5,595 dólares, su caída ronda el 30% y se mantiene por encima de los 4,000 dólares tras el rebote del 4 de noviembre.

La pregunta es si el ratio puede llegar a 100, el punto en el que un kilogramo de plata costaría lo mismo que 10 gramos de oro. Alcanzar esa marca requeriría que la plata cayera otro 22-23% mientras el oro se mantiene estable. No es un escenario descabellado: el ratio ya superó los 100 en abril de 2025, antes de que el rally histórico de la plata lo arrastrara por debajo de 50 a inicios de este año. Pero hay razones de fondo que explican por qué la plata ha sufrido tanto y por qué su recuperación no será sencilla.

El lastre de no ser oro

La principal diferencia entre ambos metales está en quién los compra. El oro cuenta con un comprador de última instancia que no falla: los bancos centrales. En el tercer trimestre de 2026, las autoridades monetarias adquirieron 321 toneladas, un 42% más que el año anterior, y acumulan 675 toneladas en lo que va del año. Esa demanda soberana actúa como un suelo para el precio del oro, incluso cuando los inversores particulares se retiran. La plata, en cambio, no tiene ese respaldo. Cerca de la mitad de su demanda proviene de la industria, lo que la hace mucho más sensible a los temores de recesión y a los ciclos económicos. Cuando el miedo se instala en los mercados, la plata se vende primero y se compra último.

El desplome de finales de octubre ilustra ese patrón. La corrección en las acciones tecnológicas, desencadenada por las dudas sobre los retornos de la inversión en inteligencia artificial, provocó ventas forzadas y llamadas de margen en todo tipo de activos. Los inversores vendieron lo que podían para cubrir pérdidas en otros frentes, y la plata, con su mayor volatilidad, fue una de las primeras en caer. A eso se sumó el repunte del petróleo por el conflicto en Irán, que avivó los temores inflacionarios y reforzó las apuestas por nuevas subidas de tasas de la Reserva Federal. Con el dinero más caro, los metales que no generan intereses pierden atractivo.

Un mercado que deja de estar apretado

Hay, además, un cambio estructural que juega en contra de la plata. El déficit de oferta que impulsó su rally histórico se está cerrando. Metals Focus, la consultora que provee datos al Silver Institute, proyecta que el mercado pasará de un déficit de 140 millones de onzas en 2025 a un superávit en 2027. Los inventarios en las bóvedas de Londres han subido a su nivel más alto en casi cuatro años, y los fondos cotizados (ETF) de plata han registrado salidas de aproximadamente 60 millones de onzas este año. La combinación de mayor oferta, menor demanda industrial y liquidación de posiciones especulativas dibuja un panorama poco alentador para el metal blanco en el corto plazo.

HSBC se suma a esa lectura. El banco británico espera que la demanda industrial y de joyería se debilite aún más, y proyecta un precio promedio de 64 dólares la onza para 2027, por debajo de su estimación de 71 dólares para este año. El oro, en cambio, seguiría actuando como un soporte moderado para la plata, pero no lo suficiente para compensar la debilidad de sus fundamentos. En un escenario de tasas altas y dólar firme, las ganancias de la plata estarían limitadas.

El rebote del 4 de noviembre

No todo es pesimismo. La plata rebotó con fuerza el 4 de noviembre, subiendo un 4.6% hasta los 52.49 dólares, impulsada por el debilitamiento del dólar tras la victoria demócrata en las elecciones de medio término en Estados Unidos. El oro también avanzó cerca de un 3%, superando los 4,000 dólares. Ese movimiento llevó el ratio oro/plata por debajo de 78, lo que sugiere que el mercado encontró un piso temporal en la zona de los 49 dólares. Algunos analistas ven en este rebote una señal de que los vendedores forzados ya se han retirado y los compradores sensibles al precio están regresando.

Sin embargo, la pregunta de fondo sigue sin respuesta. ¿Puede la plata recuperar el terreno perdido y volver a los niveles de enero? La respuesta depende de varios factores que escapan al control de los inversores: la trayectoria de las tasas de interés, la evolución del conflicto en Oriente Medio, la salud de la economía china y la velocidad con la que la industria adopte sustitutos más baratos, como el cobre en los paneles solares. Por ahora, el ratio oro/plata se mantiene en niveles que no se veían desde hace casi un año, y la posibilidad de que llegue a 100 sigue flotando en el aire. No es una profecía, pero tampoco una fantasía. Es, más bien, el recordatorio de que la plata, por más brillante que sea, nunca ha tenido el mismo suelo que el oro.

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