Alejandro Gubbins, presidente de Alpayana (Foto: ProActivo)
La minera peruana Alpayana celebró sus cuatro décadas de trayectoria, un hito marcado por la reciente internacionalización de sus operaciones tras la adquisición de Sierra Metals. Lo que inició en 1986 como el audaz proyecto de la familia Gubbins se ha consolidado hoy como un robusto grupo corporativo que, tras profesionalizar su gestión hace una década, apostó por la inversión en el país frente a la incertidumbre política.
El legado minero y los orígenes en Centromin
El presidente de la compañía, Alejandro Gubbins, recordó las raíces de la empresa fundada por su padre, Alejandro Gubbins Granger, quien decidió alquilar unas pequeñas concesiones de la estatal Centromin para trabajar una veta de plata.
«Mi papá fue un hombre lleno de optimismo e intuición natural, siempre pensando en grande y tomando riesgos; veía oportunidades e iba por ellas», destacó Gubbins en declaraciones recogidas por ProActivo. Fue un esfuerzo en el que toda la familia se involucró directamente en el campamento minero, forjando una cultura de trabajo que, aseguró el empresario, «sigue siendo parte de nuestro legado».
Corporativización y confianza de inversión en el Perú
Para dar el gran salto operativo, la familia tomó una decisión crucial hace 10 años: corporativizar la empresa y ceder el liderazgo a un equipo gerencial. Así, Fernando Arrieta, actual CEO de Alpayana, tomó la posta.
Fernando Arrieta, CEO de Alpayana (Foto: ProActivo)
El alto ejecutivo explicó cómo esta nueva estructura profesional —sumada a la resiliencia de la cultura familiar— les permitió sortear crisis globales como la pandemia y aprovechar oportunidades en escenarios adversos. Arrieta precisó que la reciente inestabilidad política, lejos de frenar sus inversiones, impulsó su crecimiento.
«Cuando hace un poquito más de cinco años el país empezó a ir un poco hacia la izquierda y todos salían corriendo, nosotros tomamos la decisión de quedarnos, apostar por el Perú y encontrar esas oportunidades», relató el CEO. Esta convicción detonó una ambiciosa estrategia de expansión local, logrando hitos trascendentales en el sector con la compra de Los Quenuales y, posteriormente, la adquisición de Argentum Morococha.
El salto a la internacionalización con Sierra Metals
El éxito en la consolidación de estas operaciones locales demostró que el equipo corporativo estaba listo para cruzar fronteras. Fue así como Alpayana fijó su mirada en el exterior y logró adquirir la minera canadiense Sierra Metals, asumiendo el control de la mina Yauricocha, en Perú, y de la mina Bolívar, ubicada en Chihuahua, México.
Esta última compra marcó un hito histórico al convertirse en la primera operación extractiva de la empresa fuera del territorio peruano. Sobre este paso, Fernando Arrieta recordó el escepticismo inicial del mercado frente a la magnitud del desafío: «En el deal de Sierra Metals, me acuerdo cuando recién empezamos a seguirlo, la gente nos decía: ‘Fernando, imposible, no la hacen, es imposible’, pero lo que nos gusta son esos retos».
Hoy, apoyada en el esfuerzo de más de 5,000 trabajadores y guiada por el lema institucional «Unidos nada nos detiene», Alpayana se enfoca en consolidar sus operaciones bajo un modelo de minería tecnológica y responsable. A pesar del inmenso camino recorrido desde aquella primera concesión de plata, para la alta dirección el mensaje es claro: «Son 40 años, pero recién estamos arrancando».


























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