
A 25 años del inicio de sus operaciones comerciales el 1 de octubre de 2001, el empresario minero Augusto Baertl Montori, primer presidente y gerente general de Antamina, compartió un mensaje sobre el desafío que significó convertir el yacimiento ancashino en un referente de clase mundial. Destacó la visión, el carácter y el compromiso de quienes hicieron posible ponerla en marcha. Asimismo, resaltó su contribución al desarrollo de las comunidades y de la minería peruana, proyectando un futuro marcado por la tecnología y la sostenibilidad.
Augusto Baertl, quien estuvo al frente de la conducción de la empresa durante las etapas de exploración, diseño, construcción y puesta en marcha, evocó el trabajo del equipo humano que hizo posible arrancar la producción en prueba el 28 de mayo de 2001. “Cuando miro estos 25 años, no veo solo una operación minera. Veo, vivo un sueño”, manifestó Baertl.
El exdirectivo recordó que Antamina nació mucho antes de que existieran la planta concentradora, el mineroducto o el puerto. Fue, según precisó, la materialización de una convicción: que el Perú podía desarrollar minería de gran escala con excelencia, seguridad, tecnología y desarrollo humano.
Una historia construida con carácter
El desarrollo del proyecto representó una apuesta de gran magnitud. Exigió enfrentar una geografía compleja a más de 4,000 metros de altura, desafíos técnicos inéditos y un entorno social atravesado por la pobreza extrema y las heridas del terrorismo.
“Antamina no empezó en el 2001. Empezó cuando algunos decidimos creer”, recordó.
Baertl puso especial énfasis en la alianza estratégica lograda entre el equipo humano, el entorno social y el ámbito político, articulación que permitió iniciar las operaciones cuatro meses antes de lo planificado y marcar un hito decisivo en la historia minera del país.
Más allá de los resultados mineros
Al evaluar este cuarto de siglo, el líder empresarial sostuvo que su mayor satisfacción no reside en los récords de producción o los logros técnicos.
“Lo que más me enorgullece es ver cómo Antamina ha transformado vidas. Antamina es grande por su gente. Antamina es fuerte por su cultura. Antamina es ejemplo porque nunca ha olvidado que la minería se hace con responsabilidad y con propósito”, afirmó.
En esa línea, destacó los avances generados en educación, salud e infraestructura para miles de familias en la región Áncash, así como las relaciones de confianza construidas con las comunidades locales.
Una historia que continúa
Al cierre de su intervención, Baertl proyectó que este hito marca el inicio de una nueva etapa caracterizada por mayores retos en innovación tecnológica, sostenibilidad y desarrollo territorial.
“Estoy seguro de que Antamina y sus colaboradores están listos para seguir demostrando que la minería peruana puede constituirse en un modelo para el mundo”, concluyó, apelando al lema que guio el proyecto desde sus primeros días: “Hagamos las cosas bien”.
Abogado por la UNMSM, con especialización en Derecho Mineroenergético. Maestrando en Gestión Pública por la Escuela de Posgrado de la Universidad Continental. Miembro del Grupo de Estudios de Derecho Mineroenergético – GEDEM. Asistente de la cátedra Derecho de Minería y Energía (2017 – 2018) en la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la UNMSM. Editor de ProActivo.
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