Alex Lobo

Alex Lobo, Jefe de Operaciones de Buenaventura.

ProActivo | El  pequeño proyecto  Breapampa, situado en el cerro Parccaorcco, distrito de Chumpi,  Ayacucho, de solo 140 mil onzas entre oro y plata, y de vida bien corta,  dejó una marcada huella en la formación técnica de trabajadores mineros entre la población de esa comunidad, incluyendo a mujeres, destacó Alex Lobo Guillén, Jefe de operaciones en Minas Buenaventura S.A.A.

“Pese a que el proyecto era de pequeña escala con vida corta, visualizamos que se podía hacer un proyecto más social que minero, dándole prioridad a la capacitación de la gente en la tarea minera u otras, y dotando a la comunidad del servicio de agua”, explicó durante la Conferencia Virtual: Fortalecimiento en competencias como motor de desarrollo local a través de proyectos mineros.

Recordó que por el 2009, había surgido un conflicto respecto al agua y salió la expresión “primero el agua, la mina después”. “En tal sentido, en el proyecto buscamos ser consecuentes con esa expresión, y levantamos una presa de agua, pues en el lugar había una precipitación anual muy baja, de 13 litros por segundo, para repartir entre una comunidad de 1,000 personas”, agregó.

Relacionamiento con la población

Remarcó que se hizo un trabajo fructífero en el relacionamiento con las comunidades, que se hizo más intenso durante el proceso del EIA, focalizando el tema de la capacitación con impacto social. “Vimos la necesidad de formar gente en materia técnica relacionada a la minería y otros rubros, e invertimos en un centro de estudio de capacitación, con la cooperación del CETEMIN”, añadió.

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Refirió que paralelamente se continuó con el apoyo en muchos otros aspectos del desarrollo local, principalmente en obras de infraestructura y riego, caminos y canales de regadío.  “Nos acompañamos con otras organizaciones para la mejora de los cultivos, por ejemplo, de las papas nativas, del ganado; todas aquellas actividades que nos permitían integrarnos más a la gente”, acotó.

Indicó que también alentaron la necesidad de la formalización de los predios de los pobladores, para la obtención de los títulos correspondientes.

Población casi sin jóvenes

Detalló que cuando comenzaron a desarrollar el proyecto, el distrito de Chumpi tenía 1,700 personas, con más de la mitad de población adulta, un tercio de niños, y que no había adultos en edad de trabajo, “se habían ido a trabajar en la costa”.

“De la población adulta, la mitad era bastante mayor, y el resto mayormente mujeres. Había colegios pequeños donde participamos e hicimos el ejercicio de un programa asociado a la salud y los niños”, pormenorizó.

Anotó que también se capacitó a la gente en el desarrollo de biohuertos para que mejoren  su alimentación, incluyendo su dieta; y que también se incluyó en los colegios.

CETEMIN en el proceso de capacitación para fase de construcción

Precisó que con CETEMIN se desarrolló inicialmente un programa integral para la capacitación de personal desde la etapa muy preliminar de la minería, y luego, para incluirlos en las 2 etapas siguientes del proceso del proyecto.

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“En el 2010 identificamos una población de cerca de 600 personas que podrían trabajar con nosotros. Fomentamos el estudio libre, porque no todos quieren ser mineros; y se inscribieron unas 360 personas para iniciar el programa”, citó.

Manifestó que se promovió la sensibilización de los alumnos con la cultura de seguridad y medio ambiente, para que en la fase de construcción de la planta capturar a aquellos talentos que pudieran acompañar en tales obras, principalmente operarios en construcción civil, montajistas, electricidad industrial.

No era posible formar operadores de equipo pesado

“La mina iba a durar 3 años, y no era posible formar un operador para equipo pesado, cuya capacitación toma 3 años. Por lo que el modelo de formación que duraba 5 semanas, era contar con gente que el proyecto necesitaba para su construcción inicial”, sostuvo.

Apuntó que después de la construcción, ya tendrían la oportunidad de formarse como operarios de mina en proceso metalúrgico, molineros, tanques de lixiviación y mantenimiento.

“Con el primer núcleo llegamos a unas 360 personas y se quedaron 128 personas. Y creamos una beca semanal con una propina suficiente para reemplazar el día que ellos dejaban de trabajar para atender las clases. Entonces, se logró una continuidad de 120 horas de clases”, mencionó.

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Resaltó que hubo una importante oportunidad para la formación de mujeres, y que se tuvo incluso a señores de edad avanzada, “una de 65 años que dijo “yo puedo”, y se inscribió, y siguió avanzando”.

Indicó que en general se capacitaron a 170 personas para que participaran en el inicio de la construcción de obras del proyecto.

Trabajaban y regresaban a estudiar

“Con 400 horas promedio de clases habíamos mejorado la capacitación. Los llevábamos a trabajar, y volvían en las tardes a estudiar. Se hizo un ciclo de mejora continua a nivel formativo, con 33% de mujeres”, señaló.

Destacó que de las más de 300 personas que inicialmente participaron en la capacitación, las que no participaron directamente en la construcción, no fueron excluidas del proceso, pues fueron tomadas como personal de piso.

“Cuando se terminó la construcción y la fase de acondicionamiento, se ingresa al tercer módulo, el de operadores de mina, 90 participaron en esta segunda etapa”, agregó.

Afirmó que en una población de 1,500 personas, que tenía un ingreso promedio de 280 soles por familia, “calificar como operarios a 90 personas en nuestra actividad, es de mucho valor”.

“Así, se mejoró la situación económica de gran número de  familias y muchas continuaron su formación y ahora están más capacitados, y tienen una mejor oportunidad de desarrollo de vida”, anotó.