Claudio Cáceres, Minera Las Bambas

  • Con una cartera de proyectos de US$ 869 millones solo para este año, la minera busca consolidar su producción y transformarse en una operación totalmente digital para 2030. La estrategia no solo apunta a la eficiencia técnica, sino a un agresivo plan social bajo el modelo “El Corazón de Las Bambas”.

ProActivo | Minera Las Bambas ha dejado de ser solo una operación de extracción para convertirse en un ecosistema tecnológico y social que sostiene, literalmente, el 72% del PBI de su región. Tras haber cerrado un 2025 con una producción robusta de 410,000 toneladas de cobre, la compañía no ha tardado en mover sus fichas: este año despliega una cartera de inversión en proyectos por US$ 869 millones, el primer tramo de un ambicioso pipeline que alcanzará los US$ 2,400 millones hacia el 2032.

El momento para acelerar es ahora. Según Claudio Cáceres, vicepresidente de Sostenibilidad y Asuntos Corporativos, la empresa ha sabido capitalizar los precios atractivos del metal rojo para implementar proyectos bajo la modalidad fast track. “Las Bambas es una plataforma de oportunidades”, sostiene Cáceres, subrayando que la operación no solo garantiza cobre para la transición energética global, sino que asegura una vida de mina de 18 años, sustentada en reservas de 4.5 millones de toneladas.

El desafío de los tajos y la “mina inteligente”

La arquitectura operativa de la mina está cambiando. Con el tajo Chalcobamba ya en producción desde 2024 —superando los históricos retrasos en permisos— y el tajo Ferrobamba en sus fases 6A y 6B, la mirada está puesta en el largo plazo: el tajo Sulfobamba ya tiene fecha de estreno para el año 2035.

Pero la expansión no es solo de tierra y roca; es digital. La meta para 2030 es convertir a Las Bambas en una “mina inteligente”. Esto implica una integración end-to-end que conecta la mina con el puerto de Matarani, a 723 kilómetros de distancia, mediante el uso de gemelos digitales y sistemas expertos que predicen desde la ley del mineral hasta el consumo de reactivos. Incluso la gestión humana se ha modernizado: hoy, la inteligencia artificial filtra currículos y coordina la Red Emprende para dinamizar el empleo local.

El Corazón de Las Bambas: Más allá del mineral

Uno de los puntos más críticos de la gestión de Cáceres es el nuevo modelo social denominado “El Corazón de Las Bambas”. Tras años de retos logísticos y bloqueos, la empresa ha dado un giro hacia la “co-creación”. El concepto es claro: la gestión social ya no es tarea de un solo departamento, sino el ADN de toda la organización.

Este enfoque se traduce en cifras tangibles al cierre del primer trimestre de 2026:

Regalías y Canon: US$ 870 millones en regalías (pagadas sobre ventas desde 2016) y US$ 541 millones en canon minero.

Obras por Impuestos: Un portafolio de US$ 74.5 millones para reconstruir 14 colegios y mejorar la calidad educativa en Cotabambas y Grau.

Poder de compra: En la última década, la mina ha inyectado US$ 1,000 millones en compras a empresas de Apurímac y Cusco.

Hacia la descarbonización

El futuro también es verde. Con el contrato de energía (PPA) próximo a vencer en diciembre de 2028, Guillermo Astete, gerente de Abastecimiento, confirmó que la empresa ya prepara licitaciones enfocadas en fuentes eólicas y solares. El plan de descarbonización no se detiene en la planta: ya se realizan pruebas con camiones de concentrado propulsados por gas y vehículos eléctricos para el transporte de personal.

Con un gasto anual de US$ 1,700 millones —donde el 65% se destina a servicios de largo plazo—, Las Bambas busca socios estratégicos que no solo aporten tecnología, sino integridad. En un entorno donde la mina genera 75,000 empleos y solo ha explorado el 17% de su concesión, el mensaje de la compañía en 2026 es de optimismo cauteloso pero decidido: el cobre de Apurímac tiene aún muchas capas por descubrir.