Raúl Molina

  • El especialista contó, desde su experiencia, cómo se ha trabajado esta herramienta en los conflictos sociales y cómo se puede mejorar para evitar más errores.

Raúl Molina, exviceministro de Gobernanza Territorial, manifestó su preocupación por las mesas de diálogo, herramienta recurrentemente usada en los conflictos sociales. Sobre todo, porque, a su juicio, a lo largo de los años han demostrado que fallan.

“Había un conflicto, se abría una mesa de diálogo. En estas se terminan firmando un montón de actas que el Gobierno nacional nunca termina cumpliendo”, sentenció en entrevista a “Diálogos Mineros”, un espacio del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú.

Asimismo, comentó que el grueso de los compromisos de las mesas de diálogo no es de las empresas mineras o de los municipios, sino son del Gobierno Central.

“La lógica ha sido: conflicto, pongan mesa de diálogo y firmen un acta para aplacar el conflicto. En general, se ha venido acumulando cientos de millones de soles en compromisos que nadie monitorea y nadie cumple”, añadió.

Por la misma línea, Darío Zegarra, coautor del libro “Desarrollo Territorial y Minería” -junto a Raúl Molina; Paola Bustamante, directora de Videnza, y Carolina Trivelli, investigadora principal del Instituto de Estudios Peruanos (IEP)- también habló sobre dicha temática en el más reciente “Encuentro Minero” del IIMP.

Zegarra detalló que en las mesas de diálogo no se sabe si van a tener presupuesto. “Van a la mesa de diálogo el director de tal Ministerio y acuerda que va a hacer tal cosa, y eso que acaba de firmar, no tiene un mecanismo predecible para convertirse en presupuesto, menos aún que se cumpla”, relató.

Una verdadera solución

Además, Molina afirmó en “Diálogos Mineros” que el verdadero problema detrás de estas decisiones es que no se envían a las personas correctas.

Desde su experiencia, el experto manifestó que a las mesas de diálogos acude el personal de gestión social, pero la solución no tiene nada que ver con ellos, sino con los viceministros o directores generales, puesto que ellos son los encargados de destinar presupuesto a lo que firma el Estado en las actas.

Asimismo, el exviceministro confesó que, desde su tribuna como parte del Estado, sentía miedo al acudir a las mesas de diálogo. “Mi mayor temor, cuando estaba llegando a un acuerdo con la población, era a quién yo representaba, y el Estado peruano no iba a ser capaz de cumplir”, indicó.

Explicó, también, que una de las áreas que fomentó fue la de Subsecretaría de Seguimiento y Monitoreo de Compromisos, para que se programen sus presupuestos, pero en la actualidad el proceso se ha debilitado.

Finalmente, Molina felicitó a la minería pues es un sector que, con todas sus dificultades, se ha propuesto, desde su propia iniciativa, reflexionar sobre cómo cumplir mejor su papel; e hizo un llamado para que otras compañías grandes -sean agroexportadoras, de turismo o de generación eléctrica- pueden ayudar a hacer una enorme diferencia en la calidad de vida de quienes trabajarán para la empresa y para quienes viven cerca a la empresa.