Durante su participación en proEXPLO 2026, en una ponencia sobre gestión comunitaria en minería, Elinor López, partner de Social Capital Group, explicó cómo el relacionamiento con las comunidades evoluciona a lo largo del ciclo de vida de un proyecto —desde interacciones directas en etapas iniciales hasta mecanismos más estructurados— y por qué su adecuada gestión es clave para anticipar conflictos, enfrentar los cambios en el territorio y asegurar la viabilidad de las operaciones.
En ese recorrido, uno de los principales cambios identificados es el paso de un enfoque reactivo a uno estratégico. En las primeras etapas, el vínculo suele ser espontáneo y orientado a facilitar el acceso al territorio; sin embargo, conforme el proyecto avanza, se vuelve necesario estructurar ese relacionamiento mediante espacios formales, mecanismos de participación y canales institucionales. Lejos de reemplazar el contacto directo, estos esquemas lo complementan y permiten sostener el diálogo en contextos más complejos.
Frente a ello, la ponencia subrayó que el riesgo social no puede entenderse como un aspecto externo al negocio. Por el contrario, tiene efectos concretos en los tiempos, costos y decisiones operativas del proyecto. Una gestión inadecuada puede traducirse en retrasos o sobrecostos, mientras que una gestión estratégica permite anticipar escenarios y reducir incertidumbre. Esto implica, además, replantear el rol de la gestión comunitaria dentro de las organizaciones, integrándose al core del negocio y articulando con áreas como operaciones, legal, ambiental y financiera.
La confianza se construye desde el inicio del proyecto
La presencia de un proyecto minero transforma dinámicas sociales, económicas, culturales y políticas: se reconfiguran liderazgos, surgen nuevas oportunidades de ingreso y también tensiones asociadas al uso de recursos como el agua o la tierra. En ese contexto, el conflicto deja de ser un evento aislado y pasa a expresar intereses que coexisten y compiten, lo que exige una gestión constante y transversal.
En ese escenario, la construcción de confianza se vuelve un eje central del relacionamiento. “La confianza en la comunidad no se construye en el conflicto: se gana con decisiones estratégicas tomadas desde el primer contacto”, enfatizó López, al explicar que este proceso debe iniciarse desde las primeras etapas del proyecto.
A lo largo del ciclo minero, esta gestión adopta distintos énfasis: desde la identificación de actores y construcción de confianza en exploración, hasta la institucionalización del diálogo en construcción, la gestión intensiva de impactos en operación y la planificación de una salida responsable en el cierre. En paralelo, se vuelve clave monitorear de manera permanente la calidad del relacionamiento, comprendiendo los intereses de los distintos actores y ajustando las estrategias en función del contexto.
Más allá de la gestión de riesgos, el enfoque plantea una oportunidad: pasar de mitigar impactos a contribuir activamente al desarrollo sostenible de las comunidades, articulando esfuerzos con actores locales y alineando las iniciativas del proyecto con los planes de desarrollo del territorio. Así, el relacionamiento comunitario deja de ser un elemento complementario y se posiciona como un factor estructural en el desarrollo de proyectos mineros.

