Por: Mario Picón y Mario Huapaya
En PDAC solemos hablar de proyectos, inversiones y oportunidades. Pero cada vez más, la conversación decisiva ocurre en otro plano: el geopolítico. Los minerales críticos ya no son solo insumos para la transición energética o la digitalización; se han convertido en activos estratégicos que definen poder, alianzas y márgenes de maniobra entre países. En este contexto, su valor no solo seguirá aumentando: definirá quién decide y quién se adapta.
La pregunta ya no es si el Perú tiene potencial. La pregunta —más incómoda— es si estamos preparados para sentarnos en la mesa donde se toman las decisiones sobre minerales críticos, o si seguiremos siendo parte del menú. Hoy, esa metáfora ya no es provocación: describe con bastante precisión lo que está ocurriendo a escala global.
El mundo se reordena alrededor de los recursos estratégicos
Las tensiones entre grandes potencias no son abstractas ni lejanas. En este hemisferio se expresan principalmente como disputas económicas y tecnológicas, pero el trasfondo es claro: el acceso seguro a recursos estratégicos. Casos recientes como Ucrania, Groenlandia o Venezuela muestran que los recursos naturales vuelven a ser factores centrales de poder y negociación.
En los últimos días, Estados Unidos ha dejado de hablar únicamente de “mercados” para referirse abiertamente a minería geopolítica. La reciente reunión ministerial sobre minerales críticos —con más de 50 países productores y consumidores, incluido el Perú— confirma que estamos entrando en una nueva fase: los minerales son tratados como infraestructura estratégica del poder económico y de la seguridad nacional. Ya no se trata solo de vender minerales, sino de definir cómo y para qué se insertan en las cadenas globales de valor.
Las discusiones tampoco giran solo en torno a precios o volúmenes. Se habla de pisos de precios, subsidios, de quién asume los costos de la transición y de cómo reducir riesgos en las cadenas de suministro. Como advierte el Natural Resource Governance Institute (NRGI), estas iniciativas abren oportunidades, pero también plantean preguntas críticas sobre viabilidad política, gobernanza y legitimidad social. El subtexto es claro: los países que no lleguen a estas mesas con una estrategia propia terminarán adaptándose a decisiones tomadas por otros.
Estar en la mesa no es lo mismo que tener influencia
En América Latina —y el Perú no es la excepción— solemos celebrar la presencia en foros internacionales como un logro en sí mismo. Pero existe una diferencia sustantiva entre estar invitados y tener capacidad real de influencia. Canadá, la Unión Europea, el Reino Unido o Australia no llegan a estas conversaciones solo con recursos; lo hacen con estrategias nacionales claras, marcos regulatorios coherentes, agencias alineadas y una narrativa definida sobre qué ofrecen y qué esperan. Por ello pueden proponer, articular y liderar coaliciones.
En Davos, el mensaje canadiense fue directo: “si no estás en la mesa, estás en el menú”. Sin embargo, el matiz clave es otro: no basta con sentarse; es indispensable aportar valor. En este nuevo orden, la legitimidad se construye resolviendo problemas colectivos —resiliencia de cadenas de suministro, estándares ambientales creíbles, inclusión territorial— y no únicamente defendiendo intereses propios.
El Perú: recursos de clase mundial, estrategia de corto alcance
El Perú cuenta con una de las canastas de minerales críticos más relevantes del mundo. Sin embargo, seguimos abordando este momento histórico con herramientas del pasado. Tratamos a los minerales críticos como commodities tradicionales, cuando en realidad exigen una gobernanza distinta que los gestione como activos estratégicos.
No contamos con un inventario integral de minerales críticos, no existe una política específica para ellos ni una estrategia que articule exploración, procesamiento, innovación, desarrollo territorial y alianzas internacionales. Esta brecha no es técnica; es política y de gobernanza. Mientras otros países coordinan Estado, empresas, academia y territorios, nosotros seguimos fragmentados entre sectores, niveles de gobierno y agendas de corto plazo. La paradoja es evidente: tenemos recursos estratégicos, pero no una estrategia para ejercerlos como tales.
La mesa real: gobernanza, territorio y confianza
Aquí radica el punto central. Estar en la mesa no puede ser un ejercicio defensivo ni individualista. Ningún actor —Estado, empresa o país— construye confianza solo protegiendo su propio interés. La confianza se genera cuando quienes se sientan a la mesa producen resultados concretos frente a problemas comunes: cadenas de suministro resilientes, estándares ambientales creíbles, innovación, inclusión territorial y legitimidad social.
Sin gobernanza territorial, sin instituciones subnacionales fortalecidas y sin mecanismos reales de articulación multiactor, cualquier ambición geopolítica queda en el papel. Y sin resultados visibles en los territorios, la presión política termina erosionando incluso las mejores iniciativas.
Un cambio de liderazgo impostergable
No es la primera vez que el Perú enfrenta un boom de recursos. La diferencia es que hoy el desafío no es solo económico; es estratégico. O cambiamos la forma de liderar —pasando de la fragmentación a la acción colectiva— o perderemos una oportunidad histórica en un sector donde somos genuinamente competitivos.
El Perú aún está a tiempo de sentarse en la mesa con voz propia. Pero el espacio se está llenando rápidamente y las reglas se están escribiendo ahora. La pregunta incómoda persiste: ¿llegaremos con estrategia, alianzas y propuestas, o aceptaremos un lugar pasivo en el menú global de los minerales críticos?
En PDAC, esa no es una pregunta retórica. Es una decisión política, económica y territorial que no admite más postergaciones.
Esta nota es parte de Revista ProActivo – Edición PDAC 2026, para ver la publicación completa clic aquí


