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Más vigente que nunca: Diálogo exclusivo con Federico Kauffmann Doig y su «Cosmos Andino» 

Dr. Federico Kauffmann Doig

Por Mónica Belling, Directora de ProActivo

En una oficina impecable en el campus de la Universidad de Piura (UDEP), en Miraflores, y en un ambiente de claridad absoluta, nos recibe el doctor Federico Kauffmann Doig: una eminencia, antropólogo, arqueólogo e historiador peruano, cuya calidad humana y trayectoria le valieron ser embajador del Perú en Alemania (2006–2009). A sus 98 años, goza de una lucidez y una pasión contagiosas a propósito de su reciente trilogía, «Cosmos Andino: Los incas y sus ancestros milenarios«, obra que es fruto del compromiso sostenido de EY Perú y del liderazgo de su Country Managing Partner, Paulo Pantigoso, cuya perseverancia ha permitido entregar al país valiosos aportes editoriales para el conocimiento y revalorización de nuestra historia en todas sus etapas. Son más de 70 años investigando.

Al conversar con el maestro Kauffmann, se revela de inmediato la profundidad de sus investigaciones que lo hace brillante y singular: su negativa a quedarse en la superficie del hallazgo. No es suficiente la datación de un fragmento de cerámica ni la catalogación estética de una ruina. El motor que ha guiado sus más de siete décadas de investigación, ha sido responder al porqué: comprender las causas profundas que llevaron a los antiguos peruanos prehispánicos a elaborar un objeto, erigir un templo o un andén en determinado lugar y en determinada época. Fueron para garantizar la supervivencia, refiere. Sanmarquino y discípulo de ilustres maestros entre ellos Raúl Porras Barrenechea, Jorge Basadre Grohmann, Luis E. Valcárcel, José María Arguedas y Félix Álvarez Brun. Su aporte al conocimiento de la historia del Perú es excepcional.

La arqueología del porqué frente al mero catálogo formal

El propio historiador marca con nitidez esta diferenciación metodológica que define su aporte a la arqueología peruana. Mientras la corriente tradicional se aboca a medir y catalogar, Kauffmann indaga en los condicionantes invisibles del pasado en la que el medio ambiente tiene un rol determinante en las evoluciones de las diversas culturas.

“¿A qué se debe la gestación de nuestra civilización andina?” es una interrogante que lo llevó a una búsqueda constante que lo llevó incluso a su trabajo “Gestación de la civilización andina, los factores que determinaron que aflorara”. Al respecto indica que le llamó la atención por qué se originó una civilización tan potente en los Andes y en la costa; y no así en la selva, un territorio gigante, más de la mitad del territorio nacional. 

«¿Qué manda la arqueología? Usted encuentra un monumento: lo mide. Ahí están unos pedacitos de cerámica: fragmentos. ‘Ah, estos son de tal cultura; son más antiguos que los que están más allá’ y así por el estilo. Muy bien. Pero eso no me satisface, eso lo he dejado a mis colegas. Yo estoy indagando, por ejemplo, ¿a qué se debe la gestación de nuestra civilización andina? Tiene que tener un porqué, algunas causas y eso ha sido motivo, pues, para indagar hace ya 30 años más o menos».

Para Kauffmann, entender la historia implica descifrar la relación entre la angustia humana por el clima hostil y las respuestas tecnológicas que dieron origen a las civilizaciones inca y anteriores, la cual está en sus tres tomos de “Cosmos andino: Los incas y sus ancestros milenarios”.

El azar, un mecenas veneciano y el despegue de campo

Esa búsqueda de respuestas en el terreno exigía salir del gabinete académico, un paso que dependió de un giro insólito en su carrera cuando ejercía como director del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, en Pueblo Libre, en los años 1979 a 1980.

«Si no hubiera tenido suerte en la vida, no hubiera podido hacer más que, en fin, leer y decir: ‘Bueno, fulano dice tal; otro dice tal’. No hubiera podido ir al campo a trabajar», me revela.

El quiebre ocurrió una mañana en la que halló a un grupo de jóvenes observando las vitrinas del museo. Me contó que en aquella época se les llamaba «hippies», hoy son los “mochileros”.

Conversando en italiano con ellos, uno de los visitantes —un señor que dominaba el español— le preguntó por qué no realizaba excavaciones en el campo. La respuesta de Kauffmann expuso la dura limitación presupuestal de la época:

«‘¿Pero usted hace trabajos en el campo?’ ‘No’, le dije: ‘Para eso se necesita dinero. Yo estoy aquí, viendo de que esté limpio el piso y que las vitrinas estén limpias, etcétera’; y para eso yo no me he educado en arqueología para ver esas cosas… ¡Cuánto me gustaría!… pero se necesita dinero».

Kauffmann acababa de regresar de una comisión del Ministerio de Cultura en Chachapoyas, donde conoció los Sarcófagos de Karajía. Al relatarle su fascinación e interés de investigarlos, calculó informalmente que una primera inspección requeriría unos 4,000 dólares. Quince días después, un enviado de la embajada italiana le entregó un sobre con el dinero en efectivo: el mochilero que hablaba español era el Dr. Giancarlo Ligabue, célebre multimillonario veneciano y mecenas científico.

«Le hice un buen reportaje —me gusta hacer las cosas como deben ser— y eso me valió para que me auspiciara 17 expediciones en el campo. ¡Imagínense!».

(Recuadro): El testimonio de una «Raza Cósmica»

En la publicación Pura Selva N° 294 de Agosto 2010, el doctor Kauffmann brinda afirmaciones que refuerzan la dignidad de su identidad plena y evidencia el desarraigo de algunos peruanos. «Tengo el orgullo de propalar que por mis venas corre sangre de los tres troncos raciales de la humanidad. Como se desprende por mis apellidos tengo prosapia europea (alemana, escocesa, así como también española); pero por otro lado desciendo del tronco racial paleomongol, sustento de todos los americanos originarios cuyos ancestros provienen de Asia y poblaron nuestro continente luego de atravesar el Estrecho de Bering hace más de 10 mil años. Por lo mismo los Mochicas tienen origen asiático y yo me jacto de ser uno de sus descendientes, pienso que tal vez un ancestro mío debió fungir de acólito o servidor del áureo Señor de Sipán. Del tercer tronco racial, el africano, soy también lejano descendiente, acaso de algún esclavo o esclava que vivió en el norte del país en los inicios del siglo XVIII, sigo indagando si fue zulú, makua, shona o de algún perteneciente a la gran familia bantú (…) Me jacto, por lo tanto, de ser un prototipo como también un abanderado de lo que el pensador y político mexicano José Vasconcelos llamaba ‘raza cósmica’, la combinación de razas, particularmente la oriunda del Perú, conjugada con la española, cuenta con cinco siglos de existencia y por lo mismo es patrimonio de la gran mayoría de nosotros los peruanos. Sin embargo, asistidos por un prejuicio racial, es lamentable que no sean pocos los que niegan poseer, en mayor o menor grado, aquel torrente sanguíneo de quienes construyeron Machu Picchu».

El “por qué” como detonante tecnológico

Al aplicar su enfoque explicativo, Kauffmann reúne los componentes de la época de los registros y del territorio, de cómo surgieron las civilizaciones de nuestros ancestros en la costa desértica y la sierra escarpada, y no en la inmensa Amazonía. La respuesta, explica, está en la presión del medio ambiente:

«…llegué a la conclusión de que el medio ambiente —como ya lo pregonaba Carl Ritter, un estudioso de hace 200 años es muy importante. En la selva, tienen de todo (…) soplan con la cerbatana y un pajarito, pam; van ahí al puquio, un poquito de agua y un pescadito; tienen todo (…) Así que ellos tienen de todo y, no requieren esfuerzo. En cambio, en la sierra y en la costa, tenemos un gran problema para los agricultores».

Al crecer la población hace más de 3,000 años, los estrechos valles andinos no daban abasto. Ese apremio alimentario obligó a inventar soluciones de ingeniería:

«Se dieron cuenta. ‘Caramba, ¿qué hacemos?, porque tenemos que comer’, y tenemos que sobrevivir; así es como la tecnología comienza a crecer. ‘Hay un terrenito por acá, pero no hay agua. Ah, ¿por qué nos traemos el agüita de la cocha o de la lagunita por allá?’ Ahí está el ingenio…   ¿Lo hacen porque quieren? No, porque necesitaban más tierras aptas de cultivo».

Desmitificar el pasado: La función real de Machu Picchu y Kuélap

Esta búsqueda sistemática del porqué lleva a Kauffmann a rechazar las visiones idealizadas sobre los grandes monumentos andinos, explicando que respondían a la urgente necesidad de producir y acopiar alimentos.

« La construcción de los andenes fue un trabajo bárbaro en un sitio ahí escarpado.  Machu Picchu y todos esos lugares como Choquequirao, están rodeados por unas inmensas áreas de andenes (…) el fruto de esos andenes no podía abastecer solamente a ese grupo de labradores, trabajadores y magos (…) sino que, seguramente, fueron lugares para acopiar también más y más alimentos en la época inca».

Frente a la idea romántica de un palacio inca de descanso, Kauffmann remarca con firmeza:

«Eso es la patriotería. Patriotismo es otra cosa. Soy patriota, pero no soy patriotero (…) tenemos que ver las cosas como son, abrir bien los ojos».

Lo mismo aplica para recintos como Kuélap, los cuales reevalúa como grandes centros de almacenamiento estatal. 

«Siempre se ha dicho que era una ciudad enorme; pero llegué a la conclusión de que no, que era un sitio muy especial en la parte alta, para almacenar los alimentos que exigía la persona ahí que dirigía».

Igual función cumplía la red del Qhapaq Ñan junto a sus estratégicas colcas o depósitos: «Junto al camino grande, están los quioscos que tienen su nombre: Colcas, donde almacenaban, almacenaban y almacenaban».

La religiosidad nacida del angustioso clima y la lección de los estadistas

Cuando la tecnología no alcanzaba para frenar la sequía, la helada o el fenómeno El Niño, surgía la fe. De tal forma que los monumentos y templos como Chavín de Huántar no se explican sin la necesidad vital de rendir culto al agua.

«Al destrozar los campos los fenómenos climáticos (…) llevaban al hambre. Y para eso, no había tecnología. Entonces, pensaban ‘¿qué cosa hacemos?’ Ese problema empuja la religiosidad sin par en el Perú. ¿Por qué? Porque tenían ese problema y querían la tecnología -entre comillas- con la reverencia a ese Dios del agua, que era bueno y era malo».

Ese culto exigió coordinar grandes masas de trabajo, dando origen a las clases directivas y a la planificación estatal: 

«Para hacer los monumentos como Chavín o para hacer los andenes, se necesita gente que diga: ‘Hay que hacer mañana mismo, vengan todos acá’ (…) Tienes que tener una persona que dirija».

Al concluir nuestro diálogo, y preguntarle sobre el valor fundamental de los antiguos gobernantes para el Perú de hoy, Federico Kauffmann Doig resume la esencia de toda su obra: «Gente como los incas o los jefes anteriores (…) tenían esa misión maravillosa realmente, de ver que la población no sufriera (…) y de ser buenos estadistas».

A través de su nueva colección con el apoyo de EY Perú, el doctor Kauffmann demuestra que la arqueología cobra su mayor brillo cuando trasciende de la medición del objeto hacia explicar las causas humanas, climáticas y de Estados que hicieron posible la gran hazaña de la civilización andina.

Pueden descargarlo en este enlace: https://www.ey.com/es_pe/insights/growth/la-historia-en-ey/cosmos-andino

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