El proyecto Siete Regiones está a un paso de convertirse en realidad. La viceministra de Hidrocarburos, Iris Cárdenas, confirmó a RPP que en septiembre esperan enviar el expediente al Ministerio de Economía y Finanzas para su visto bueno. «Se espera culminar en el mes de septiembre la evaluación y enviar ahí el documento al Ministerio de Economía y Finanzas», precisó. La funcionaria detalló que una de las principales observaciones formuladas por Osinergmin está relacionada con el valor contable neto y la interpretación de una cláusula del contrato. Si se superan esos escollos y la adenda se firma, las actividades podrían comenzar de inmediato.
El proyecto, largamente esperado, busca saldar una deuda histórica con el interior del país. Mientras Lima y Callao concentran 2.1 millones de hogares con acceso a gas natural —el 80% del total nacional—, en el Cusco, una de las principales zonas productoras de gas de todo el país, apenas existen cinco hogares conectados, y eso gracias a un proyecto piloto que incluyó la construcción de una planta de regasificación. Esa desproporción resume en una cifra el abandono energético que ha padecido el sur peruano durante décadas.
El proyecto Siete Regiones contempla una inversión privada superior a los S/ 1,600 millones —unos US$ 550 millones— y consiste en la construcción de 3,700 kilómetros de redes de distribución, 4 subestaciones distribuidoras y 12 plantas regasificadoras. En una primera etapa, se espera beneficiar a más de 300,000 hogares, lo que equivale a entre 1.2 y 1.5 millones de personas. El plan no se limita a una sola región: abarcará 15 ciudades distribuidas en siete departamentos del centro y sur del país.
Cusco, el gran ausente que será el primero
El caso de Cusco es particularmente llamativo. La región es una de las principales productoras de gas natural del país y, sin embargo, sus habitantes han sido los últimos en beneficiarse del recurso que extraen de su propio subsuelo. Ese desfase podría comenzar a corregirse este mismo año. «Si se firmara la adenda, ya hay un cronograma de trabajo e inmediato se comenzaría a realizar actividades, sobre todo, por ejemplo, en el Cusco se extendería rápidamente porque ya tenemos un piloto. En Cusco sí se podría ver este año», indicó la viceministra Cárdenas.
La ventaja de Cusco es que ya cuenta con una planta de regasificación construida como parte de un proyecto piloto, lo que permitiría acelerar las conexiones sin necesidad de esperar la instalación de nueva infraestructura pesada. Esa base instalada convierte a la ciudad imperial en el punto de partida natural para la expansión del servicio hacia el sur.
La paradoja del gas que no llega
Su antecesor, el Gasoducto Sur Peruano, fue concebido hace más de una década con la ambición de transportar gas desde Camisea hasta el sur del país, pero terminó envuelto en sobrecostos, denuncias de corrupción y una paralización que dejó la obra inconclusa. La infraestructura construida —que alcanza un 35% de avance físico— quedó abandonada, y el Estado peruano asumió la administración de los activos.
Ahora, el gobierno de Keiko Fujimori ha optado por una ruta distinta: en lugar de retomar el megaproyecto de un solo tramo, ha impulsado una estrategia de «gasoductos virtuales» basada en camiones que transportan gas natural licuado en cisternas hacia plantas de regasificación locales, desde donde se distribuye a través de redes. Es una solución más flexible y menos costosa que la construcción de grandes tuberías, aunque también implica una dependencia logística que los defensores del gasoducto tradicional cuestionan.
Regiones beneficiadas
Las ciudades incluidas en esta primera fase son: Huamanga y Huanta (Ayacucho); Pucallpa, Aguaytía y Curimaná (Ucayali); Huancayo y Jauja (Junín); Puno y Juliaca (Puno); Cusco, Quillabamba y Calca (Cusco); Abancay y Andahuaylas (Apurímac); y Huancavelica. En cada una de ellas, el suministro se organizará de manera distinta según las fuentes disponibles: en Ucayali se utilizará el gas del Lote 31-C, con respaldo de una planta satélite de regasificación en Pucallpa; en Ayacucho, la distribución se hará mediante un City Gate conectado al ducto de Camisea; en el resto de regiones, la provisión será bajo la modalidad virtual, con transporte en cisternas.
El cronograma oficial estima que, una vez firmada la adenda, las primeras conexiones en Cusco podrían verse antes de que termine 2026. Para el resto de regiones, el despliegue será progresivo, con un horizonte de 10 años para alcanzar la cobertura total prevista.
El proyecto Siete Regiones es, en ese sentido, el primer paso de una transformación más amplia. No resuelve de golpe el déficit energético del sur, pero abre una puerta que ha permanecido cerrada durante demasiado tiempo. Y lo hace con una lógica distinta: menos grandilocuente, más pragmática, pero con la misma ambición de fondo: que el gas que se extrae del subsuelo peruano termine, finalmente, en las cocinas de los peruanos.

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