El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, endureció este lunes su postura hacia Irán en un momento en que las negociaciones para reabrir el estrecho de Ormuz parecían encaminarse hacia un desenlace. Lo hizo con una exigencia que pocos esperaban: que la República Islámica pague reparaciones por ataques perpetrados durante décadas. El movimiento, anunciado en redes sociales, ha complicado cualquier posibilidad de un acuerdo inmediato y ha devuelto la tensión a los mercados energéticos.
Trump reaccionó así a una declaración previa de Teherán. El portavoz del Ministerio iraní de Exteriores, Esmail Baghaei, había subrayado que Irán no reabriría el estrecho hasta que Estados Unidos cumpliese con una serie de condiciones: levantar el bloqueo naval sobre los puertos iraníes, liberar los activos congelados y, además, pagar compensaciones por los daños de la guerra. La respuesta del mandatario estadounidense no se hizo esperar. En un mensaje en Truth Social, aseguró que ahora es Washington quien exige una indemnización a Irán por todas las personas que ha matado y herido en los numerosos conflictos en los que, según él, ha estado involucrado.
Trump enumeró entonces algunos de esos episodios: el atentado de 1983 contra el cuartel de los marines en Beirut, que costó la vida a 241 militares estadounidenses; las muertes de al menos 603 soldados en Irak entre 2003 y 2011; y el ataque al destructor USS Cole en el puerto de Adén en 2000. Añadió que las familias de los manifestantes iraníes asesinados durante los últimos cincuenta años también deberían ser compensadas. “He instruido a mis representantes para que planteen esta exigencia con firmeza en todas las negociaciones futuras”, sentenció.
Este órdago mutuo ha puesto en jaque las conversaciones. Apenas unos días antes, tanto Trump como altos funcionarios de su administración habían alimentado el optimismo al sugerir que un acuerdo con Teherán estaba cerca. Incluso el propio presidente había dado a entender que estaba dispuesto a dejar que la presión económica sobre Irán aumentara en lugar de lanzar nuevos ataques militares para forzar la reapertura de Ormuz. Pero las exigencias cruzadas de reparaciones han cambiado el tablero. Teherán, por su parte, insiste en que no dialogará con Washington hasta que este aborde las “vulneraciones” cometidas. Y Trump, lejos de ceder, ha endurecido su retórica.
El estrecho de Ormuz sigue siendo el epicentro de la disputa. Por esa vía marítima circulaba cerca de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado del mundo antes del inicio del conflicto. Su cierre efectivo está afectando a la economía global y al comercio. El costo de fletar un superpetrolero en la ruta entre Medio Oriente y China se ha duplicado, acercándose a los 500,000 dólares por día. Los economistas han reducido sus previsiones de crecimiento para este año y han elevado sus pronósticos de inflación.
Los precios del crudo respondieron de inmediato a las declaraciones de Trump. El Brent, referencia mundial, subió alrededor de un 5 % el lunes, cerrando cerca de los 88 dólares por barril. Los futuros del diésel en Europa se dispararon más de un 10 % después de que refinerías en Arabia Saudita, Libia y Rusia también fueran atacadas, lo que agravó aún más la escasez de un combustible clave para la economía mundial.
El contexto económico de Irán añade más presión. La moneda local ha perdido más de un 10 % de su valor respecto a su nivel previo a la guerra, y la inflación anual alcanza el 77 %. A pesar de ello, Teherán se mantiene firme. El fin de semana, el régimen nombró a Mohsen Rezaee, un halcón defensor del control iraní total sobre el estrecho, para dirigir su Consejo Supremo de Seguridad Nacional. La decisión no es un gesto menor. Rezaee es conocido por su postura inflexible y su nombramiento sugiere que Irán no está dispuesto a ceder en sus demandas.
Trump, por su parte, declaró a periodistas en la Casa Blanca que el estrecho de Ormuz está “abierto ahora” y bajo control de Estados Unidos. Cuando se le preguntó sobre una posible escalada militar, respondió que el país mantiene esa capacidad y que “si queremos hacerlo, ya lo verán”. La advertencia no hizo más que aumentar la incertidumbre.
Lo que hace apenas unos días parecía un escenario de posible desescalada se ha convertido en un nuevo punto muerto. Las exigencias de reparaciones, que ningún negociador había planteado hasta ahora, han alejado cualquier perspectiva de acuerdo inmediato. Y mientras ambos bandos endurecen sus posiciones, el estrecho de Ormuz sigue cerrado, los precios del petróleo se mantienen elevados y la economía global espera, sin certezas, un desenlace que no termina de llegar.

Email: [email protected]

























Deja una respuesta