La economía de China registró una desaceleración mayor a la esperada durante el segundo trimestre de 2026, al crecer 4.3% interanual, su nivel más bajo en más de tres años. El resultado quedó por debajo de la meta oficial del Gobierno, que proyectaba una expansión de entre 4.5% y 5%, y también fue inferior al 4.5% previsto por los analistas consultados por Bloomberg, luego del crecimiento de 5% alcanzado en el primer trimestre.
Con este desempeño, la economía china acumuló un crecimiento de 4.7% durante el primer semestre del año. En términos trimestrales, el Producto Interno Bruto (PIB) avanzó apenas 0.9% respecto al trimestre anterior, reflejando la menor expansión desde hace más de dos años.
La desaceleración incrementa la presión sobre las autoridades de Pekín, que este mes celebrarán una reunión del Politburó del Partido Comunista, donde se espera que analicen nuevas medidas para impulsar la actividad económica. Entre las alternativas figura acelerar el gasto fiscal y fortalecer la inversión en infraestructura, luego de que los recortes del gasto público realizados en los últimos meses afectaran el dinamismo económico.
El economista jefe para Gran China y el Norte de Asia de Standard Chartered, Ding Shuang, consideró que existe margen para acelerar la ejecución del presupuesto ya aprobado, priorizando la inversión en infraestructura como mecanismo para sostener el crecimiento.
En la misma línea, el primer ministro Li Qiang señaló recientemente que el Gobierno evalúa nuevas políticas de apoyo, aunque aún no ha anunciado un paquete adicional de estímulos.
Los indicadores sectoriales mostraron un comportamiento mixto. La inversión en activos fijos cayó 5.7% en el primer semestre, un deterioro mayor al registrado entre enero y mayo, reflejando la debilidad persistente de la inversión privada y pública.
En contraste, las ventas minoristas crecieron 1% en junio, sorprendiendo positivamente al mercado tras haber retrocedido 0.6% en mayo. Asimismo, la producción industrial aumentó 5.3%, superando las expectativas de los analistas, mientras que la tasa de desempleo urbano descendió ligeramente de 5.1% a 5%.
Las autoridades estadísticas atribuyeron parte de la desaceleración a factores temporales y externos. Según Mao Shengyong, subdirector de la Oficina Nacional de Estadísticas, algunos sectores, como la minería del carbón, enfrentaron circunstancias puntuales, aunque sostuvo que los fundamentos de la economía continúan siendo sólidos.
Tras la publicación de los datos, importantes entidades financieras como Morgan Stanley, Goldman Sachs y Australia & New Zealand Banking Group redujeron sus proyecciones de crecimiento para China en 2026, estimando ahora una expansión de entre 4.5% y 4.6%.
Por su parte, el Banco Popular de China mantuvo una postura prudente. Su vicegobernador, Zou Lan, afirmó que la autoridad monetaria ajustará sus herramientas de liquidez y las tasas de interés de acuerdo con la evolución de la economía y la inflación, manteniendo una política monetaria «moderadamente flexible».
Aunque algunos indicadores muestran señales de recuperación, persisten desafíos importantes. La inversión inmobiliaria registró una caída histórica de 18% durante el primer semestre, mientras continúan las presiones deflacionarias derivadas del exceso de oferta y la débil confianza de consumidores y empresas.
Al mismo tiempo, las exportaciones permanecen en niveles récord impulsadas por la creciente demanda mundial de infraestructura para inteligencia artificial, aunque las tensiones comerciales internacionales y la fuerte dependencia del sector exportador continúan representando riesgos para la segunda mayor economía del mundo.























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