Por Mónica Belling
En el marco de las recientes cumbres Cesco y CRU, el mercado global del cobre ha consolidado su posición como el mineral estratégico del futuro, impulsado por la transición energética y la inteligencia artificial. En esta entrevista con ProActivo, Luis Rivera, Chief Operating Officer (COO) para Sudamérica de Glencore, analiza el nuevo mapa cuprífero de la región, donde Argentina emerge como un jugador de gran aliento junto a Perú y Chile. Asimismo, detalla la millonaria hoja de ruta de la compañía en el sur peruano con los proyectos Coroccohuayco y Quechua. Asimismo explica cómo la tecnología y el enfoque humano definirán el éxito de la minería moderna.
Contexto Global, Geopolítica y Mercado del Cobre
Las principales economías alinean políticas para asegurar minerales estratégicos. Más allá de Perú, Chile y Argentina, ¿Qué cambios se observó en el mapa del cobre global durante la Cumbre CESCO – CRU?
Fuera de Perú y Chile, que ya son actores consolidados, hay otras jurisdicciones que están levantando la cabeza de forma notable. Es el caso de la República Democrática del Congo, que ha pasado a ser el segundo productor de cobre del mundo. Glencore tiene operaciones allí, al igual que MMG. África, y el Congo especialmente, ya son actores de peso. Tampoco debemos perder de vista a Australia y a Estados Unidos, con gran capacidad de producción.
Sin embargo, el actor más importante en los próximos años va a ser Argentina. El antiguo triángulo del cobre chileno (Escondida, Chuquicamata, Collahuasi) será reemplazado en el futuro cercano por el bloque Vicuña, Filo y El Pachón, sin descontar las minas del norte como Alumbrera y Agua Rica, que conforman el proyecto MARA, también bajo el control de Glencore.
¿Cuál es la proyección de Glencore sobre la oferta, la demanda y el futuro del cobre a escala mundial?
A escala global, la producción actual se sitúa en torno a las 25 millones de toneladas anuales. Estimamos que la oferta logrará cubrir la demanda hasta mediados de la década de 2030, moviéndose en un rango de entre 30 y 35 millones de toneladas. Sin embargo, aun si pusiéramos en marcha todos los proyectos en cartera, la producción tenderá a contraerse debido a la menor ley de los yacimientos.
Por el lado del consumo, si sumamos los requerimientos de la infraestructura para inteligencia artificial y centros de datos, la demanda global superará las 40 millones de toneladas. Esto proyecta un déficit estructural de aproximadamente 15 millones de toneladas de cobre. La conclusión es clara: si se quiere invertir, hay que estar en países mineros, y las naciones deben maximizar la explotación de sus recursos bajo políticas claras, estabilidad y reglas de juego predecibles.
¿Qué otras tendencias globales captó de las cumbres de Cesco y CRU?
La consolidación definitiva del cobre como un «mineral crítico», al mismo nivel del litio, tierras raras, níquel, cobalto o uranio. Las potencias globales (China, Estados Unidos y Europa) van a necesitar el cobre para asegurar su propio crecimiento industrial, independientemente de si cuentan con el recurso en su territorio o no. Los conceptos de geopolítica están migrando aceleradamente hacia la geoeconomía: asegurar el suministro de los países productores. Quien quiera vigencia los próximos 20 años debe posicionarse en naciones mineras, y el Perú es clave en ese escenario.
¿Mantiene Glencore su posicionamiento global como un jugador relevante en cobre después de China?
Sí, está dentro de nuestros objetivos estratégicos. Como lo anunciamos en el Capital Day en Londres, la meta de Glencore es incrementar su producción global de 800,000 toneladas de cobre a 1 millón de toneladas para el año 2028, y proyectamos elevarla a 1,600,000 toneladas para el año 2036.
Innovación y Tendencias Tecnológicas en la Minería
Ante el déficit de cobre y yacimientos complejos, ¿Cómo ayuda la tecnología metalúrgica y geológica a que la región responda a la competencia de otros continentes?
Los yacimientos en los Andes de Perú, Chile y Argentina comparten una singularidad geológica: muchos presentan arsénico en sus zonas profundas debido a su configuración hidrotermal. No obstante, las modernas tecnologías de fundición, refinación y las estrategias comerciales de blending permiten procesar estos concentrados de forma limpia y responsable. La presencia de arsénico ya no inviabiliza los proyectos; La Granja o Michiquillay son excelentes ejemplos de que esto ha pasado a un segundo plano.
Por otro lado, tecnologías como el machine learning nos permiten compilar y procesar grandes volúmenes de información geológica, geofísica, geoquímica y geoeconómica. Al contrastarla con operaciones existentes, podemos descifrar la «huella» de un yacimiento oculto y proyectar su comportamiento en profundidad, siendo hoy la herramienta más avanzada para la exploración.
Respecto a los desafíos geotécnicos y operativos en la cordillera, ¿Qué sistemas e innovaciones están facilitando el trabajo?
Ante la realidad de yacimientos más profundos y leyes de mineral más bajas, la industria se ve obligada a optimizar la recuperación metalúrgica en las plantas de flotación y lixiviación. Aquí es donde ha ingresado con fuerza la inteligencia artificial a través de «sistemas recomendadores» que asisten en tiempo real al operador para tomar la mejor decisión de proceso. Esta tecnología ya está plenamente integrada en las grandes minas de cobre de Perú y Chile, y próximamente lo estará en Argentina.
La otra gran tendencia es el despacho de camiones apoyado en IA para la seguridad del personal, como los sistemas CAS (anticolisión automáticos). A esto le sigue la automatización y la robótica. Los camiones autónomos operan con éxito en Chile y ya ingresan a Perú a través de Quellaveco, y eventualmente en Tía María. Asimismo, las perforaciones en mina ya se realizan de forma remota; Las Bambas, por ejemplo, cuenta con un centro de control en Lima desde donde opera a distancia diversos equipos ubicados en Apurímac.
Institucionalidad, Permisología e Integración Regional
¿Se ha convertido la tramitología y la gobernanza institucional en un obstáculo para la operación minera en las Américas comparado con otras regiones?
La permisología representa un desafío estructural para Perú, Chile y Argentina. No obstante, existen modelos regulatorios que agilizan los proyectos sin relajar el control ambiental. Chile emplea el concepto de «pertenencia» para acelerar el inicio de actividades, mientras que Argentina unifica la licencia ambiental y la autorización de operación ante la autoridad provincial en un único documento dentro del Informe de Impacto Ambiental. En el Congo, toda la permisología se gestiona a través de una ventanilla única bajo una sola institución, un esquema similar al argentino. En Estados Unidos, un país con un estándar ambiental sumamente riguroso, el proceso exige cerca de 24 permisos en total (estatales y federales), pero las reglas son transparentes y predecibles.
En contraste, el mapa peruano fragmenta y duplica los procesos: exige una licencia ambiental (MIA, EIA, ITS) y, de forma separada, obliga a tramitar las concesiones de beneficio. Es una duplicidad burocrática instalada por filosofía que debería corregirse, pues en el Perú no requerimos cantidad, sino eficiencia sobre los más de 350 permisos vigentes. Por el lado de la informalidad, enfrentamos la amenaza de la minería ilegal y los intentos de ciertos hacedores de políticas públicas de alterar la estabilidad de las concesiones mineras, lo cual inyecta nerviosismo a los inversionistas.
Si Chile también afronta trabas en tramitología, ¿se puede viabilizar una solución conjunta?
Sería altamente productivo que ambos países, a través de la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía (Perú) y el Consejo Minero de Chile, establezcan canales formales para transferir conocimientos normativos. El intercambio técnico permitiría diseñar una regulación más razonable y eficiente sin vulnerar ninguna soberanía.
¿Considera que es viable una política de integración de infraestructura compartida entre Perú y Chile?
Ya existe un precedente normativo entre Chile y Argentina mediante su tratado de integración minera para yacimientos fronterizos. Aunque Perú y Chile no disponen de un marco similar, dar ese paso sería idóneo. La agenda debe abarcar la interconexión eléctrica para reducir costos de energía, la flexibilización migratoria para profesionales técnicos y la homologación de nuestras normativas ambientales.
En cuanto a la infraestructura compartida, el concepto es excelente, pero demanda modificaciones normativas de fondo. En el Perú, los activos industriales y las licencias ambientales se otorgan con carácter de exclusividad al titular minero, lo que vuelve compleja la operación compartida de un proceso industrial bajo un solo responsable legal. Sería ideal conformar mesas de trabajo técnicas para proponer reformas a la legislación actual y promover activamente este modelo.
El Impacto de Glencore en el Perú: Proyectos, Economía y Comunidades
Aterrizando en el Perú, ¿llegará a producirse en el complejo Antapaccay un tercio de la meta global trazada por Glencore para el 2028?
Sí. En el Perú operamos el Complejo Minero Antapaccay, que acumula 41 años de actividad continua desde los yacimientos de Tintaya hasta la expansión actual. Tras explorarlo y confirmar sus recursos, concluimos el estudio de factibilidad del proyecto Coroccohuayco, que representa una inversión de 1,800 millones de dólares. Prevemos iniciar su construcción a fines de este año, habiendo avanzado de forma óptima en sus procesos ambientales y sociales. Esto permitirá a Antapaccay alcanzar las 300,000 toneladas de cobre anuales para el horizonte de 2030 o 2031.
Además, contamos con un nuevo actor: Quechua, ubicado exactamente al sur de Antapaccay y al oeste de Coroccohuayco. Ya iniciamos los trámites de exploración para confirmar recursos y reservas y, eventualmente, estructurar una propuesta formal de desarrollo.
Para transformar estos recursos geológicos en reservas mineras, ¿Cómo aborda Glencore los factores sociales y la legitimidad local?
Transformar un recurso en reserva requiere cumplir lo que el Australian Institute of Mining define como «factores modificadores» (modifying factors). El verdadero desafío actual no radica únicamente en la geología, sino en consolidar el ecosistema colateral: acceso a energía eléctrica, disponibilidad de agua y legitimidad social.
En las operaciones que controlamos al 100% en la provincia de Espinar (Cusco), la clave ha sido el trabajo directo con el entorno. Actualmente, más del 90% de nuestra mano de obra no calificada es estrictamente local. Asimismo, en lo que va del año, mantenemos contratos comerciales con 25 empresas de la zona de un universo de 255 proveedores totales. Convivir en el día a día con las comunidades y participar activamente en el Convenio Marco es lo que nos garantiza una verdadera legitimidad para asegurar nuestras actividades pasadas, presentes y futuras.
¿Cómo avanza la dinámica económica del Convenio Marco y qué resultados tangibles muestra para la región Cusco frente a otros sectores como el gas?
Sigue una dinámica muy activa que involucra al gobierno central, el gobierno local y la empresa. Cuenta con una gobernanza clara y, más allá de que existan debates complejos o discrepancias, lo valioso es que todos nos sentamos a dialogar en una misma mesa.
El monto de inversión canalizado a través del Convenio Marco entre los años 2019 y 2024 ascendió a 206 millones de soles, un presupuesto que muchos municipios de Lima (como Miraflores o San Isidro) quisieran tener. Además, solo por concepto de Impuesto a la Renta y regalías, Antapaccay aportó 3,968 millones de soles en ese mismo periodo, de los cuales 2,400 millones de soles se transfirieron directamente a la región Cusco. La operación representa aproximadamente el 1% del PBI nacional y más del 17% del PBI regional. No obstante, si lo comparamos con el gas de Camisea, el aporte del gas es mucho mayor; estamos hablando de una contribución que supera a la nuestra en unas cuatro o cinco veces.
Gestión del Talento Corporativo y Agenda Institucional
Frente a este entorno tecnológico y social, ¿Cómo evalúa el perfil de los futuros profesionales que asumirán el liderazgo de la industria?
El desarrollo del talento se divide en dos frentes. El primero es estrictamente técnico: las universidades deben reestructurar sus mallas académicas para dotar a los estudiantes de las herramientas que demandan las operaciones modernas, tales como inteligencia artificial, automatización y teletrabajo.
El segundo frente es el factor humano. Las nuevas corrientes en la gestión minera priorizan el liderazgo por cercanía, promoviendo que el profesional se sienta genuino propietario de su entorno operativo. Debemos transitar de la figura del jefe tradicional a la del líder integrador. Hoy se priorizan conceptos como la «seguridad psicológica»: entender y aceptar que el error es intrínseco a la condición humana y gestionarlo bajo un enfoque formativo y humanitario. La academia tiene el gran reto de sembrar este equilibrio en las nuevas generaciones, yendo más allá de lo meramente técnico.
Para concluir, ¿Cuál es la cartera completa de activos bajo su dirección en la región?
Bajo mi dirección se encuentra Glencore Perú (Antapaccay, Coroccohuayco y Quechua) y representamos la participación de la compañía en Antamina. En Chile, lideramos la operación de Lomas Bayas y la fundición Alto Norte, además de avanzar en una nueva fundición en alianza con Codelco.
Finalmente, en Argentina supervisamos Minera Alumbrera, un activo estratégico listo para reiniciar operaciones este mes de julio, tras haber permanecido en cuidado y mantenimiento desde 2018.





















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